Yukio Mishima descubrió el San Sebastián de Guido Reni (1575-1642) cuando tenía catorce años, en una reproducción de unos libros de arte que su padre trajo de tierras extranjeras. Fue una experiencia mística, pero poco ortodoxa.
"El negro y levemente inclinado tronco del árbol de la ejecución destacaba sobre un fondo a lo Tiziano, formado por un bosque melancólico y un cielo sombrío y distante. Un joven de notable belleza estaba, desnudo, atado al tronco del árbol. Tenía las manos cruzadas en alto, por encima de la cabeza, y las cuerdas que le ceñían las muñecas estaban a su vez atadas al árbol. No se veían más ligaduras, y la desnudez del joven sólo la paliaba un burdo paño blanco, flojamente anudado a la altura de las ingles."
"La pintura -expica el escritor en su primera novela, Confesiones de una máscara- desprendía un fuerte olor a pintura pagana". La frescura del modelo y "su blanca e incomparable desnudez resplandeciente" le marcaron tanto que años más tarde posaría como el mismo santo cristiano, antes de suicidarse mediante un seppuku ritual, en un famoso libro de fotografías de corte marcadamente fetichista.
"Fue el principio, torpe y completamente imprevisto, de mi vicio", confiesa Mishima.
Un icono gay del XVII
Con lo de "vicio" no se refería a los libros de arte sino a su pasión por la desnudez resplandeciente de otros hombres, preferiblemente jovenes. San Sebastián es el icono clásico de la ambigüedad sexual, de la pasión mística y del éxtasis.
Además del que descubrió Mishima, entonces parte de la colección del Palazzo Rosso de Génova, hay otros seis. Todos, salvo uno, se pueden ver juntos por primera vez en una galería londinense.
La temática elegida por Reni siempre ha despertado interés, no sólo artístico y religioso -explica Xavier Salomón, comisario de la exposición- sino también como una imagen sensual y erótica y con connotaciones homosexuales.
San Sebastián, de quien no conocemos sus inclinaciones sexuales pero sí su oficio, fue un soldado del Ejército romano que en el año 288 de nuestra era fue condenado a morir asaeteado por hacer apostolado entre sus compañeros. Su expresión ambigua y la cantidad de piel que desplega en la versión de Guido Renile valió más de una censura hasta bien entrado el siglo XX.
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Deudas de juego
La Dulwich Picture Gallery de Londres ha reunido el "San Sebastián" del Museo del Prado de Madrid con los del Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico, el Musei di Strada Nuova de Génova, el Archivo Fotográfico Pinacoteca Capitolina de Roma y la Auckland Art Gallery de Nueva Zelanda. El Louvre de París también atesora un "San Sebastián", pero la fragilidad del cuadro no permitió su traslado.
Al abordar el motivo de San Sebastián, Reni siguió dos modelos de representación. En uno el santo tiene los brazos en alto y es atravesado por más de una flecha; en el segundo, San Sebastián está maniatado por detrás de la espalda y tiene clavada una sola saeta. Otras diferencias, más sutiles, son pequeños cambios en la luz o el paisaje.
Sutiles o no, las diferencias han planteado debate durante años en torno a la verdadera autoría de los San Sebastiánes, al tiempo que se preguntan todavía el porqué de la existencia de diferentes versiones de un mismo cuadro. La teoría más extendida tiene que ver con la bien documentada afición del pintor al juego: Reni tenía muchas deudas, que sufragó vendiendo distintas versiones de la misma obra.




