JG Ballard, CIRCA 1958
Mary ballard
Con un título desnudo y bien humorado que conjuga la celebración cándida de alguna New Age con el entusiasmo chispeante de la baratija, el único escritor británico nacido en China ve hoy publicadas sus memorias. Son las mismas que ya anticipase en novelas como El imperio del Sol o La bondad de las mujeres, ahora precipitadas por el diagnóstico en 2006 de un avanzado cáncer de próstata. Miracles of Life, el Milagro de la vida, se publica hoy en Inglaterra.
James Graham Ballard (Shanghai, 1930) llegó a Gran Bretaña con 15 años y empezó a escribir cuentos a los veintitantos, poco después de que el estratega militar Herman Kahn acuñase el término Megadeath como unidad de medida para designar el millón de muertos.
La reciente Bomb Mission de Hiroshima y el recuerdo de su infancia en un campo de concentración japonés leyendo historietas de Flash Gordon y Buck Rogers darían lugar a una literatura de ciencia-ficción post-apocalíptica, elusiva y ambigua en sus naturalezas muertas y sus geografías psicológicas, de tradición futurista pero aguardando al presente para derivar, a partir de obras como La exhibición de atrocidades o la trilogía urbana que conformarían Rascacielos, La isla de cemento y Crash, en un corpus clarividente capaz de explicar un mundo del que todos somos culpables.
De acuerdo con el diccionario inglés Collins, el adjetivo Ballardian evoca una modernidad distópica, "un paisajismo inhóspito creado por el hombre y los efectos psicológicos del desarrollo tecnológico, social o medioambiental". Pero el escritor siempre ha precisado que esa distopía no es más que la superficie de su obra y que su verdadero motor ha sido siempre el optimismo.
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Los próximos cinco minutos
Le han tachado de reaccionario en más de una ocasión por su insistencia en atacar la tiranía global que vivimos a partir de novelas que a menudo son himnos psicopáticos, sabedor de que la Tercera Guerra Mundial dio comienzo el 11 de septiembre de 2001 y que desde entonces vivimos más heridos y desnortados que nunca.
El autor de Noches de cocaína y Super-Cannes, acerado columnista para The Guardian, estudiante de medicina, piloto de la RAF en Canadá y guionista de películas como Cuando los dinosaurios dominaban la tierra, es todavía un nodo del sistema en el que convergen todos nuestros miedos y esperanzas; un hombre que, según su poema de 1984 What I Believe, cree en el triunfo de la imaginación, en todos los niños y en toda la rabia, en las mitologías y en los recuerdos, en el temor a los calendarios, en la belleza de todas las mujeres y en los próximos cinco minutos.





