El 25 de septiembre de 1539 Juan Pablos, un italiano asentado en Sevilla, llegaba a México con cerca de 200.000 maravedíes y un objetivo: montar la primera imprenta en el territorio americano. Habían pasado 37 años desde el desembarco de Cristóbal Colón y nacía en el nuevo continente una industria que todavía, y pese a los nuevos formatos, no ha desaparecido en este territorio.
El taller de Juan Pablos ha sido el escogido para abrir el primer museo dedicado al libro de México. Situado en la conocida como Casa de las Campanas, un edificio enclavado en el centro de la ciudad de México y propiedad de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el museo no contará, al menos por el momento, con demasiados ejemplares.
Tan sólo un escaso centenar de piezas prehispánicas y de los siglos XVI al XIX, como códices, abecedarios, mapas, planos, sellos, facsímiles, fotografías, una linotipia y un par de prensas.
No eran tiempos en los que se realizaban demasiados libros y, como apuntó Elena Segurajáuregui, directora de artes visuales y escénicas de la UAM, en la presentación del museo, durante el siglo XVI la ley indicaba que los tipos usados para la impresión de un libro se traían desde España y debían destruirse al terminar dicha labor.
Aún así, Juan Pablos, que irónicamente era analfabeto y reproducía los tipos como quien hacía un dibujo, puso en circulación numerosos textos. Los primeros se dedicaron a difundir la doctrina cristiana y, a finales de siglo -ya con más imprentas por el país- se ampliaron las temáticas a la medicina, el derecho, las ciencias o la navegación.
En cuanto a cuál fue el primero que salió del taller de Pablos es un misterio, aunque algunos creen que pudo ser Manual de adultos en 1540.
Firma de Juan Pablos y una cabeza de serpiente
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El único museo de todo México centrado en la historia del libro en el país cuenta con tres salas, una de ellas presidida por una obra prehispánica que representa una enorme cabeza de serpiente de piedra que fue encontrada debajo del edificio durante unas excavaciones en 1989.
Asimismo, entre sus fondos, está una reproducción de la firma impresa de Juan Pablos, que aprendió para poder signar cada texto impreso, al igual que varias reproducciones de abecedarios que él empleó.
Según anunció el coordinador general de difusión de la UAM, ya están trabajando con organismos como la Biblioteca Nacional para ampliar sus fondos.
El museo, levantado en el lugar que en tiempos aztecas el Templo del dios Tezcatlipoca, también tendrá una bibliotecay un calendario de actividades con presentaciones de nuevos libros, conferencias, seminarios y talleres sobre la historia del libro y su futuro, incluso del libro electrónico.
En profundidad: EL LIBRO IMPRESO EN EL SIGLO XVI, II, por Elvia Carreño Velázquez




