Hace diez años, Max, el reciente ganador del primer Premio Nacional de Cómic, afirmaba que no veía solución a la crisis que entonces dominaba el panorama de nuestros cómics. "Hay alguna clave que se me escapa, no alcanzo a entender por qué la gente ha dejado de leer tebeos".
En abril de este mismo año, en el editorial del número 15 y último de la revista NSLM, el mismo Max y Pere Joan, sus co-directores, se despedían así de sus lectores: "Como sabéis, el panorama de la edición de cómic en España ha cambiado sustancial y vertiginosamente de un tiempo a esta parte. La proliferación de pequeñas editoriales independientes primero, el boom de la novela gráfica en edición de calidad después, y finalmente el desembarco de grandes grupos editoriales ajenos hasta ahora a la historieta han propiciado un aumento desmedido del volumen de títulos publicados, y con él una apertura general hacia tendencias poco frecuentadas por los editores patrios hasta hace bien poco". El vuelco vivido en diez años por la historieta española ha hecho que pasemos de un desfile de plañideras a un coro de eufóricos.
En realidad, es reflejo del auge del cómic como fenómeno cultural y comercial que se está viviendo en todo el mundo: la novela gráfica se codea con las novelas de verdad, los personajes de tebeo son las grandes estrellas del cine... Junto a los videojuegos, los tebeos se han convertido como por arte de magia en el futuro del entretenimiento cultural. No se puede decir que los cómics hayan salido de la larga crisis que arrastran desde hace casi veinte años, pero de ilusión también se vive, y la ilusión es que algo grande está a punto de pasar, y premios como el que acaba de recibir Max son otra señal más que viene a confirmarlo. Por supuesto, las dosis de optimismo se reparten según la porción de tarta que le toca a cada cual.
Los arquetipos de esta escena
En este momento en España, si te dedicas al cómic, puedes encontrarte en alguna de las siguientes situaciones:
Técnico editorial. Traductor, rotulista, realizador técnico, editor... El mercado español es un mercado colonizado que vive comercialmente de traducciones de cómic de superhéroes americanos (Marvel por encima de todo) y manga. Si trabajas para las grandes editoriales que se dedican a este segmento, te puedes ganar la vida.
Autor independiente. O lo que es lo mismo, la gran masa de historietistas o equipos de guionista y dibujante que publican en pequeñas editoriales dedicadas exclusivamente al cómic. Los medios son escasos y la ilusión suple las carencias, al menos mientras los autores se lo pueden permitir. La esperanza: hace cinco años, vender 2.000 ejemplares era una quimera. Hoy esa barrera empieza a caer, y con ediciones de calidad. Sigue siendo muy poco, pero es mejor que el techo de 400 que había hace nada.
Humorista de El Jueves. La única revista de cómic profesional de España. Desde el año 2000 ha recibido un trasvase importante de autores procedentes del sector independiente. Estos historietistas, encabezados por Manel Fontdevila y Albert Monteys, a los que han seguido nombres como Bernardo Vergara, Mauro, Darío Adanti, Paco Alcázar, Brieva o Manuel Bartual, a menudo intentan compaginar sus colaboraciones con el semanario de humor y una carrera más personal y menos lucrativa.
Profesional exilado. Si no físicamente, sí intelectualmente. Publicar en el extranjero es desde hace años la salida para muchos de los historietistas profesionales de nuestro país. Uno de los primeros mercados conquistados fue el de los superhéroes americanos, con la avanzadilla de los Carlos Pacheco y Salvador Larroca. Luego ha caído el gran mercado francés, rendido a los pies de Díaz Canales y Guarnido, y donde muchos jóvenes autores como Vermut, Kenny Ruiz, Tirso Cons o Víctor Santos están abriéndose hueco.





