La novia de Frankenstein, 1935.
Para muchos, se trata de la obra más valiosa de los estudios Universal, que desde los años treinta hasta los cincuenta adaptaron mitos de la literatura gótica a la gran pantalla.
Al igual que ya hiciera con Frankenstein cuatro años atrás, la película fue dirigida por el elegante James Whale, que también es responsable de uno de los títulos más representativos de la productora, El hombre invisible.
La novia de Frankenstein hace tiempo que dejó de darnos miedo, pero sigue siendo una de las películas favoritas de los aficionados al terror clásico, tanto por su fotografía expresionista como por su inteligente guión y las múltiples lecturas que tiene el filme. Y es que, en el fondo, no podemos evitar identificarnos con la criatura herida y perseguida que tan sólo necesita una mano amiga y algo de amor. Los otros, la turba enfervorecida y paleta que le persigue por ser diferente, son los auténticos monstruos.
Drácula, 1958
Puede que el Drácula más conocido sea el pobre Bela Lugosi engolado de la versión de Tod Browning, pero Christopher Lee ha sido el vampiro más brutal, erótico y creíble de la historia del cine.
La película reúne los ingredientes que hicieron famosa a la productora británica de terror Hammer. En primer lugar, cuenta con sus dos principales estrellas, el propio Lee y el inolvidable Peter Cushing, que hace de Van Helsing. Además, está dirigida por el gran Terence Fisher, el director de terror más solvente de la compañía, y probablemente de la historia.
El Drácula de Fisher, rodada en colores tan vivos que hacen daño a la vista, no guarda fidelidad a la novela de Bram Stoker, pero no importa. Nos cae bien porque supone ataque a la línea de flotación de la estrecha moral victoriana.
La matanza de Texas, 1974
Scream devolvió a los jóvenes las ganas de pasarlo mal en el cine, pero la mayoría de sus logros estaban presentes en películas realizadas veinte años antes, como La matanza de Texas. A pesar de que tiende a contarse lo contrario, La película no tiene demasiadas escenas de violencia explícita. En ningún momento Hooper se recrea en mostrar planos gratuitos de vísceras y sangre, sino que muestra directamente la cara de la víctima de turno de Leatherface, uno de nuestros malos favoritos. Si La Matanza de Texas nos mete el miedo en el cuerpo es por su fotografía malsana y su atmósfera enfermiza.
El resplandor, 1980
Stanley Kubrick probó suerte con casi todos los géneros, y en todos salió bien parado del intento. Algunas de las imágenes de El resplandor, su aproximación al terror, han sido copiadas durante más de veinticinco años por infinidad de películas de género. No es difícil quitarse de la cabeza ese ascensor del que mana sangre o las apariciones de las inquietantes gemelas en los enormes pasillos del aislado hotel en que se desarrolla la acción.
El resplandor narra el descenso a los infiernos de la locura del escritor Jack Torrance, pero Kubrick se encargó de que no viajara solo. Jack Nicholson acabó el rodaje desquiciado y Shelle Duval, su mujer en la ficción, internada en un psiquiátrico.
Posesión infernal
La combinación terror+humor+bajo presupuesto suele dar lugar a engendros como Abott y Costello contra los fantasmas, pero también películas tan divertidas como Posesión infernal, de Sam Raimi.
La película narra la historia de cinco estudiantes que van a pasar un fin de semana en una cabaña abandonada, donde encontrarán el Libro de los muertos. Se trata de una historia para la que, a todas luces no había presupuesto (375.000 dólares), así que el director optó por hacer de la necesidad virtud y tirar de imaginación y buen humor.
Así, cuando el espíritu despertado por la lectura del libro persigue a una de las chicas por el bosque, la cámara se instaló sobre una motocicleta para llevar a cabo el travelling, y su sonido se puede escuchar en la cinta. También se puede escuchar la voz del propio Raimi haciendo del demonio que posee a los jóvenes.
Posesión infernal conoció dos secuelas, Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas, igual de humorísticas y de cutres. En las tres participó el actor Bruce Campbell, que se ha convertido en uno de los actores fetiches de los aficionados al género de terror.




