Portada del libro, miscelánea de documentos relacionados con Raymond Carver, de Tess Gallagher.
Bartleby Editores
El escritor Raymond Carver, por aquel entonces borracho y maltratador, se separó de su primera esposa, Maryann Burk, dejando atrás un matrimonio juvenil, malformado, sostenido con trabajos de supervivencia para pagar el alquiler y amplias dosis de abnegación por parte de Maryann para conseguir que Carver se dedicara a la escritura. Eso es lo que ella cuenta en el recién editado volumen de memorias Así fueron las cosas (Circe).
Una vez separados, Maryann pasa a engrosar el club de primeras esposas de hombres que posteriormente triunfaron y es la escritora Tess Gallagher quien comparte con él las mieles de su éxito y sus once últimos años de vida. Pero la relación entre aquel matrimonio joven es cordial y Carver, emocionado, le envía el manuscrito de su primer gran éxito literario: Dé qué hablamos cuando hablamos de amor.
¿Se parecía ese manuscrito al libro que, con el mismo nombre, venimos leyendo desde 1981? Tess Gallagher -cuyo libro Carver y yo (Bartleby Editores) llega ahora a las librerías españolas- dice que no, y además está inmersa en una batalla legal para publicar los cuentos de Raymond Carver tal cual él los escribió.
Raymond Carver ha pasado a la historia literaria como un renovador de la prosa, por haberla podado hasta su esencia, dejándola respirar pura y certera. Si su primer editor, Gordon Lish, no se hubiera remangado ni se hubiese enfrentado a las páginas de un manuscrito originalmente titulado Beginners con tijera de podar en una mano y rastrillo en la otra, Carver hubiera sido uno más, un escritor como cualquier otro.
No lo edites, por favor
El 8 de julio de 1980 Carver escribió una carta dirigida a Gordon Lish -custodiada en la Biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana- donde le pide que "por favor haz todo lo necesario para parar la producción del libro" De qué hablamos cuando hablamos de amor. A lo largo de esas siete páginas Raymond Carver reconoce que Lish ha mejorado con su edición muchos de los relatos cortos que forman el libro pero, como muchos de sus amigos escritores ya habían leído la versión original, Carver temía por su reputación: "¿Cómo voy a explicarles, cuando les vea, qué les ha pasado a los relatos al haber sido publicados?". "Si el libro se publica tal cual, en esta versión editada, no volveré a escribir más", amenazó el escritor, que por entonces tenía 42 años, y pidió a Gordon Lish que fueran restaurados a su estilo original.
Desoída la plegaria, el libro fue publicado y Carver alcanzó la fama que tanto había deseado pero intentó ir publicando en revistas y recopilaciones su material sin pulir, escrito con un estilo extensivo, muy opuesto al minimalismo con el que se le ha identificado. Esta polémica relación, que fue desenterrada gracias a un artículo en The New York Times en 1998, pretende ser zanjada diez años después por Tess Gallagher con la publicación de 17 cuentos tal y como fueron escritos, una acción que la editorial que posee los derechos del este libro de Carver -Knopf, para la que trabajaba Gordon Lish y hoy propiedad de Random House- pretende evitar. Si Gallagher llevara el material a otra editorial, Knopf ha declarado que consideraría el libro ilegal y emprenderían acciones contra él.





