"Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina". Así empieza la novela ganadora del último premio Planeta, El Mundo, del periodista y escritor Juan José Millás, que saldrá a la calle el próximo 7 de noviembre, con 210.000 ejemplares.
Dice que la suya es una novela que estuvo guardada mucho tiempo.
Tiene material muy personal, es autobiográfica y con la autobiografía uno siempre tiene problemas. Uno escribe desde su ecxperiencia personal, pero en esta novela el personaje se llama Juan José Millás. Yo tengo tendencias fóbicas y suicidas, es decir suelo abrazarme a aquello que me da miedo. Huyo hacia adelante y, entre no publicar la novela y hacerlo a lo grande, la he presentado al Planeta. Así tendré una difusión masiva de lo que temía difundir.
Y existe el pudor.
El pudor hace mucho daño a los escritores, es lo primero que tienes que sacarte de encima. Lo aprendí con mi primera novela, que tenía muchos datos autobiográficos porque cuando uno no tiene oficio lo sustituye por la sinceridad. Entonces tuve ataques de pánico y con esta novela he vuelto a sentir aquellos sentimientos. Y aquí estamos.
Su novela es la de un hombre que narra en primera persona su infancia. ¿Qué ofrece esa infancia?
Es fabulosa porque descubre lo que hay debajo de las cosas, no en el estilo dickensiano sino en el sentido de que el mundo es un lugar fabuloso porque es extraño. Por eso quizás mi capacidad de descubrir lo fabuloso en lo cotidiano. La realidad es como un bulto que está ahí y lo importante es cómo ese niño percibe esa realidad y la fascinación que siente por ese mundo. Esa sensación de yo no soy de aquí contada desde la experiencia de un niño que no entiende nada. Luego crecer consiste en fingir que sí entiendes.
Y su mundo es el de la calle Canillas, en Madrid.
Ahora es un barrio caro, pero antes era el final de la realidad. Aquel era un barrio de casas bajas que con la especulación desaparecieron, pero si sabes mirar aún puedes ver los fantasmas de las casas antiguas. Pasé la infancia en esa calle y cuando pude escapar de allí, la sorpresa es que al llegar a una ciudad busco un espacio para mí solo y tarde o temprano me encuentro siempre en mi calle. Porque esa calle es el mundo, es el descubrimiento final. El mundo es la calle de tu infancia.
Ha ganado el premio Primavera de Novela, el premio Nadal, ahora el Planeta. ¿Los premios dan para vivir bien?
Los premios te hacen llegar a personas a las que no llegarías con una edición normal. El Nadal amplió mucho mi círculo de lectores. Ojalá que los lectores que no me conocen se queden con esta novela. Los premios garantizan duración en las mesas de novelades, luego está ver qué capacidad de comunicación tiene el libro en sí mismo.
La novela habla de una realidad muy dura.
Sí, cuenta cómo se enfrenta un niño a un medio hostil, y cómo la única defensa que tiene es la imaginación.
Es un escritor al que no le gusta estar encerrado en su despacho.
En algún titular de hoy decía que era un premio mediático. A mí me parece una redundancia. No concibo un novelista que no esté en los medios de comunicación porque implicaría que es muy poco curioso. Los medios son espacios en el que el escritor debe estar también. No me puedo imaginar a un escritor encerrado con un solo juguete, que es la novela que tiene entre las manos. Los habrá pero el autor tiene que estar conectado con la realidad porque todos estos territorios son complementarios.
Literatura y periodismo van juntos en su carrera.
Mi literatura se ha enriquecido mucho con mi periodismo, además se da la paradoja de que el periódico es un medio de comunicación de masas y se puede experimentar poco, sin embargo yo he experimentado muchísimo y muchos de esos hallazgos los he llevado a mi literatura (y al revés).
Sus novelas están encerradas en sí mismas. Todas vuelven al punto de origen.
Sí, en el sentido en el que narro un microcosmos. Aquí todo ocurre en una calle que acaba siendo la metáfora del mundo. Me fascinan los microcosmos porque actúan como trasuntos de realidades más grandes y éstas sólo las puedes contar descubriendo las pequeñas.
Si una de las características de su obra es el contacto con la realidad, otra es la medida. Usted ayer decía que era un autor de obras de medio aliento. ¿Lo es también esta?
Mis novelas más largas tienen entorno a 200 folios, ese es el territorio en el que me siento cómodo, además de en el cuento y al artículo. No me imagino escribiendo historia de 500 folios. En periodismo he aprendido de economía narrativa y sé que lo que se puede contar en cinco líneas no deben contarse en diez. Siempre tiendo a la economía y mi modelo es la Metamorfosis de Franz Kafka. Me sorprende pensar que una novela de 70 folios que cuenta una historia en apariencia sencilla y que puede leer cualquier lector... es la novela que mejor ha contado el siglo XX. Cuando tu modelo es ese, la tendencia es a economizar.
¿Sabía que tenía una novela especial?
Sí, sabía que tenía una novela muy especial. Hace un año la saqué del cajón, la leí como si fuera de otro y me gustó. Empecé entonces a acariciar la idea de presentarla al Planeta.
¿Cómo se enfrenta a la promoción de El Mundo?
Los escritores se suelen quejar por pura pose. En las promociones tienes el privilegio de que viajas, conoces a gente. Mejor eso que ir a la oficina. Cuando uno ha estado escribiendo y encerrado, lleva meses de poco contacto con el exterior. Necesitas tomar contacto con la realidad, recibir influencias. Muchas veces la promoción es en sí misma una novela. Además me parece impúdico quejarse del éxito.
¿En qué se gastará los 600.000 euros de la dotación del premio?
En nada especial, he pagado la hipoteca. Lo meteré en el banco. Lo interesante del dinero, un anticipo a cuenta de los derechos, es que es alto y que la editorial sudará tinta china por recuperarlo y eso significa que van a difundir bien mi libro.




