A Jesús (o Jess) Franco le encanta recordar que en los años 70 el Vaticano le llegó a considerar uno de los directores de cine "más peligrosos" junto al mismísimo Buñuel. Y es que la trayectoria de este director, de carácter insobornable y anárquico, se ha caracterizado desde siempre por su absoluto desprecio a las instituciones y a la censura.
Sitges le concede este año un merecido homenaje, proyectando una selección de películas de las más de 200 que ha dirigido a lo largo de su carrera.
Madrileño nacido en 1936, Franco fue músico de jazz, actor de teatro y escritor (entre otras aficiones) antes de dedicarse por completo al cine. Debutó con Tenemos 18 años, aunque alcanzó notoriedad uno de los clásicos del cine de terror español, Gritos en la noche, que rodó en 1961, y en la que aparece por primera vez uno de sus personajes fetiche, el temible doctor Orloff.
Rodó policíacos y llegó a dirigir la segundad unidad de Campanadas a medianoche, de Orson Welles, pero de su primera época se recuerdan con cariño títulos de género como Miss Muerte o La mano de un hombre muerto.
Tío Jess en el exilio
Sus encontronazos con el Régimen le llevaron a una suerte de exilio voluntario por diversos países como Francia y Suiza en busca de la libertad creativa que tanto buscaba. La primera película que rodó íntegramente fuera de España fue Necronomicón, un experimento narrativo sin lógica cinematográfica y apenas guión que recibió los parabienes del mismo Fritz Lang.
A partir de entonces, Franco dejó de tomarse en serio la narrativa convencional y las normas, especializándose tanto en bizarras producciones de terror (entre las que destacan Miss Muerte, El conde Drácula o Drácula contra Frankenstein) como eróticas (Diario íntimo de una ninfómana).
Los mil pseudónimos de Franco
Franco ha tendido a radicalizarse cuando su cine encontraba más detractores. Así, el desprecio de parte crítica y público que sufrió le llevó a rodar hasta siete películas al año en los años 70, en ocasiones bajo el sello de su productora, Manacoa Films. El cineasta empleó un sinfín de nombres falsos para firmar sus películas, que en ocasiones sacaba de artistas míticos de jazz. David Khunne, John O´Hara o Pablo villa son algunos de los más recordados.
A modo de Ed Wood patrio, Franco aprovechaba en ocasiones el reparto, decorados y hasta el dinero que le sobraba de la producción anterior para rodar la siguiente, llegando a utilizar las mismas escenas en diferentes películas. En muchas de ellas compaginaba las labores de guionista, director y compositor de la banda sonora, aunque también se ponía detrás de la cámara si hacía falta.
Como todo buen director de culto que se precie, Franco tiene su inseparable musa, Lina Romay, una presencia indiscutible en la filmografía del madrileño además de su compañera sentimental. Además, el cineasta puede presumir de haber dirigido además a Howard Vernon, Jean Servais y el mismo Christopher Lee.
Icono indie
Durante los ochenta, muchas de sus películas fueron censuradas y recortadas hasta la mitad en diferentes países, lo que provocó que se entregara abiertamente al cine porno, para descontento de muchos de sus fans.
El reconocimiento en suelo español no le llegó hasta los años noventa, cuando se implicó personalmente en la selección y montaje de Don Quijote, la película que no pudo terminar Orson Welles. En 1996 recibió un premio a manos del maestro del terror de bajo presupuesto Roger Corman y fue reivindicado por la escena indie, llegando a rodar un vídeo para Los Planetas que resultó censurado. En los últimos años, su ritmo ha descendido, aunque sigue filmando y se deja ver como actor en delirios psicotrónicos del tipo Karate a muerte en Torremolinos.




