Cuando el médico Ernesto Guevara de la Serna, un hombre con amplia instrucción humanista y conocimiento de francés, se unió al proyecto de Revolución de Fidel Castro, no podía ni imaginar que se convertiría en un mito. Corría julio de 1955, y Castro se encontraba en pleno exilio en México dos años después del fracaso de su asalto al Cuartel de la Moncada y el Palacio de Justicia en Santiago de Cuba.
Fidel y su hermano Raúl habían intentado derrocar al presidente cubano, Fulgencio Bautista. Pero su tentativa se tiñó con la sangre de medio centenar de sus 70 guerrilleros, que acabaron torturados y fusilados.
Tuvieron que esperar casi cuatro años hasta que, en una segunda tentativa de golpe, lograron expulsar del poder al presidente Batista. El día de Año Nuevo de 1959, una columna guerrillera encabezada por Castro y por el "Che" entró desde el este de la isla y tomó Santa Clara, en el centro del país.
El "Che" adoptó entonces la nacionalidad cubana y comenzó a desempeñar cargos como presidente del Banco Nacional o ministro de Industria. Sin embargo, el médico argentino nunca se acostumbró a su nuevo papel de miembro del gobierno, que le provocó muchas fricciones con su integridad ideológica.
Ernesto Guevara era, por encima de todo, un guerrillero con una ideología cercana al marxismo leninismo radical. Pero su pensamiento era tan heterodoxo que se acuñaría incluso el concepto de "guevarismo".
Así que, en 1965, decidió abandonar Cuba y recuperar su condición de guerrillero infatigable con su "revolución continental".
"Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario", escribió en sus últimos años.
Esta labor revolucionaria le llevó hasta Bolivia en noviembre de 1966, en donde pretendía adiestrar a 50 guerrilleros cubanos, argentinos, peruanos y bolivianos. Sin embargo, el 8 de octubre de 1967, el Ejército boliviano le capturó.
"Yo soy el ‘Che' Guevara", gritó a sus captores. Un día después, el presidente boliviano, el general René Barrientos, ordenó su ejecución inmediata.
La muerte prematura del "Che" le convirtió en símbolo, y le permitió dotar de inmortalidad su lema: "Hasta la victoria siempre".
Cuarenta años después de su asesinato, este médico argentino se mantiene en la memoria de los cubanos como el personaje más popular de la Revolución después de Fidel.
Su imagen, sobre todo la inmortalizada en 1960 por el fotógrafo cubano Alberto Korda con su boina con una estrella y mirada perdida, es todo un símbolo de odio al enemigo capitalista. "Hay que crear uno, dos, tres Vietnam para desgastar a EE. UU.", gustaba de decir el "Che".
Pero cuatro décadas después de su muerte, son muchos los cubanos desencantados con lo que el guerrillero argentino ayudó a construir y en lo que se ha transformado con el paso de los años. "Lo único que queda del ‘Che' en Cuba es un simulacro, porque no es serio plantear ahora el trabajo voluntario ni la lucha armada ni crear uno, dos tres Vietnam. Eso ya no tiene sentido", argumenta el opositor cubano de origen español Eloy Gutiérrez Menoyo, quien también fue comandante de la Revolución.
"Me niego a aceptar a una figura sobredimensionada creada por un aparato propagandístico apoyado por Fidel y por el Partido Comunista de Cuba", concluye.




