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Viernes, 20 de noviembre de 2009. Actualizado a las 21:43h | : el tiempo en

Nos gusta pasarlo mal en el cine

El Festival de Sitges acoge el 8 y 9 de octubre el taller 'Las dos caras del miedo', que explica cómo el cine ha explotado nuestros terrores más básicos

  • Javier Pulido
  • ,
  • Madrid | 04/10/2007 | comentarios | Votar
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Pupilas dilatadas, sudor frío o dificultad para tragar saliva son síntomas que solemos asociar al miedo, esa emoción básica que aparece ante la percepción de un peligro y que suele desembocar en un sentimiento muy desagradable. Sin embargo, el ser humano encuentra placer en el miedo. Woody Allen se ha llegado a referir a esa sensación en ocasiones como su compañera más fiel, y no es el único. Para el experto en ciencias cognitivas Oscar Vilarroya, hay una explicación para este fenómeno. "Los seres humanos aprendemos por medio del juego, y experimentamos situaciones para adaptarnos mejor al medio. Experimentar miedo es parte de una estrategia evolutiva que nos prepara para cuando sentimos una amenaza", explica.

Este tipo de placer sadomasoquista ha sido explotado por el cine de terror desde sus inicios. El género ha explotado los mecanismos del miedo jugando con los elementos que más nos aterrorizan: sorpresa, oscuridad, incertidumbre, etc. Vilarroya elige cuatro de los momentos que más nos han hecho pasarlo bien pasándolo mal en el cine.

Cierra los ojos

Nosferatu. Hasta el estreno de este clásico de Murnau, todo el imaginario que se empleaba en el cine era estático. La película logra plasmar el miedo en acción mediante los movimientos del protagonista, que resultan bastante irreales. Murnau convierte en real algo que no lo es.

Alien. Lo que nos aterroriza de Alien es, precisamente, la ausencia física durante gran parte de la película del ser inductor del miedo. Por otra parte, cuánto más inteligente nos resulta el monstruo, más se acrecientan nuestros miedos. Se parte de la imaginación para crear un monstruo que tiene físicamente rasgos humanos, y eso provoca desconcierto e incertidumbre.

Tiburón. En la película se genera el miedo porque el espectador dispone de información que los protagonistas no poseen, lo que provoca una angustia insoportable. Spielberg logra explotar esta angustia mediante una planificación en secuencias que incrementan la incertidumbre.

Cine de Cronenberg. El cine del director canadiense es un género en sí mismo. No utiliza recursos fáciles para provocar miedo, sino que explora un tipo de terror inteligente induciendo un mundo paralelo al físico que a la vez no es real. Se trata del recurso conocido como la nueva carne, o fusión de la carne con elementos biónicos o metafísicos.

Teoría y práctica del miedo

Se trata tan sólo de cuatro ejemplos clásicos en la historia de un género que ha proporcionado miles, y que son comentados en el taller Las dos caras del miedo, que tiene lugar en el marco del Festival de Sitges el 8 y 9 de octubre.

El taller está organizado por la cátedra El cerebro social de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y es dirigido por el propio Vilarroya.

Es de carácter gratuito y combina teoría, práctica y cine para dar respuesta a preguntas como ¿qué mecanismos neuronales activan el miedo?, o ¿por qué disfrutamos del miedo?

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