Wole Soyinka
Elena Cabrera Segovia
Se ha metido Segovia en el bolsillo y no es de extrañar, por su cercanía, su palabra directa, su petición de envío de cayucos de españoles con aventureros a África, su humor y sus pasos de flamenco.
El Premio Nobel de Literatura 1986 Wole Soyinka, nacido en Nigeria, tiene una extensa obra, apenas traducida al español, que mezcla las tradiciones tribales africanas con las maneras occidentales. A sus 73 años ha sido poeta, novelista, crítico, catedrático, actor, traductor, político, editor e instigador de lo que él llama teatro de guerrilla, durante los años 60 y 70. "Tuve que formar a los actores en defensa personal, utilizaban los extintores de una manera diferente", explica Soyinka entre las risas del público. Realizaban sátiras políticas que no eran bien vistas ya que, para él, "el teatro es una confrontación por naturaleza, es el vehículo humano el que prevalece y no el vehículo plano de la hoja escrita".
Premio Nobel para siempre, como le dijo García Márquez el año que se lo concedieron, Soyinka pensaba que la atención duraría un año y luego habría "otra reina de la belleza". Cita el autor a Bernard Shaw, quien dijo que podía perdonar al que inventó la dinamita pero hacía falta ser muy diabólico para inventar el Premio Nobel.
El adn violento
Aunque Soyinka estuvo encarcelado en 1967 por un artículo en el que abogaba por el armisticio durante la guerra civil de Nigeria, se ha "reconciliado con la violencia, pues forma parte de la condición humana porque es un gen que va en nuestro adn". Quizás dentro de 500 años, aventuró, la genética habrá lidiado con la herencia violenta pero por ahora "hay que aceptar el contacto con la violencia como un riesgo profesional, el de los soldados, por ejemplo".
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Si la violencia puede ser aceptada, el fundamentalismo en cambio no. "Son los principales enemigos del mundo", dijo en su conversación con el crítico de literatura africana Landry-Wilfred Mampika, durante la jornada de hoy en el Hay Festival segoviano. "El fundamentalismo es el extremismo de cualquier religión y representa la intolerancia, es el peor aspecto del ser humano". Recurrió a la religión de su pueblo, la yuyuba, porque en ella "hay aspectos que sirven para humanizar el fundamentalismo de otras religiones" y añadió con su sentido del humor que "yo les daba un billete sólo de ida a los fundamentalistas para ir a colonizar el espacio exterior".
Una Al-Yazira africana
La cuestión de los medios de comunicación es otra de las que pende, día a día, en estas jornadas literarias. Soyinka cree que África necesita un "canal de televisión como Al Yazira, un medio fuerte que pueda proyectar una imagen sólida del continente africano". La necesidad que tienen los medios de "vender noticias" hacen que sólo busquen "el sensacionalismo", por eso "es tan necesario un canal alternativo de noticias".
Pero ese canal tiene que ser, para el escritor, un medio de comunicación de masas y no medios personales como los blogs: "Yo no sé qué es un blog, sé que existen, que hay personas que los hacen y compiten entre ellos para ser los más leídos pero uno puede decir ‘yo me quedo aquí', en las revistas literarias, en tales medios... Mi nivel de absorción se ha parado justo antes de llegar a los blogs". Y comparó la literatura "al trabajo de un burócrata, que tiene dos bandejas, una de entrada de documentos y otra de salida, pero entre medias tiene una tercera bandeja de pendientes, elementos K.I.V (keep in view, en español no perder de vista) que es justamente donde está la literatura, en la observación de los pequeños cambios en la realidad, incluso aquellos que no son perceptibles a simple vista".





