Tony Wilson falleció el pasado viernes a causa de un infarto de corazón. Tenía 57 años. Murió antes de tiempo, tal y como corresponde a las leyendas musicales.
A pesar de ser una leyenda, Wilson nunca publicó un disco con su nombre, sino que se esforzó en conseguir que lo hicieran los demás. Ha muerto uno de los visionarios más respetados e influyentes de la música pop europea de finales del siglo XX.
Wilson tenía cáncer de riñón y había financiado su tratamiento gracias al apoyo de los músicos que alcanzaron la fama en el sello discográfico que él creó, Factory Records.
Cuando en 24 hour party people, la película de Michael Winterbottom, un ficticio Tony Wilson encarnado en el actor Steve Coogan, recibe la noticia del fallecimiento de Ian Curtis, cantante y compositor de la banda Joy Division, no duda en hacerle un homenaje.
Wilson, reportero de televisión para la mancuniana Granada TV y por aquel entonces empresario musical en sus ratos libres, aprovecha la coyuntura y pide a uno de los miembros de la guardia real británica que anuncie con solemnidad la muerte del músico para después emitirlo en televisión. De igual manera, llega ahora el momento de los homenajes al promotor desaparecido.
"Es como si mi padre hubiera muerto de nuevo", Peter Hook, bajista de New Order
Desde que la noticia de la muerte de Tony Wilson fuera dada a conocer, se han sucedido tantos homenajes a su figura como formaciones musicales crecieron bajo su influjo. Peter Hook, de New Order, no esconde su devastación: "es como si mi padre hubiera muerto de nuevo", asegura en el diario británico Manchester Evening News.
Tim Booth, cantante de James, también se ha mostrado afectado: "era uno de los últimos inconformistas, colocó a Manchester en el mapa". Y es cierto, la ciudad de Manchester es la que más frutos musicales ha dado en los últimos 25 años en Reino Unido, después de la escena londinense.
Mani, ex bajista de Stone Roses y actualmente en Primal Scream, también tiene palabras para Wilson: "todo el mundo en el mundo de la música independiente le debe gratitud a Tony Wilson", asegura.
La revista New Musical Express, el medio musical más seguido en Inglaterra, recoge estos días en su blog los mensajes de condolencia de los miles de seguidores de las bandas que Wilson dio a conocer y ayudó durante los 80.
El diario Times, por su parte, le otorga el título de "el hombre que fabricó Madchester", haciendo referencia al apelativo que la ciudad recibió cuando se convirtió en el ojo del huracán de la creatividad musical.
Otros medios como el periódico The Guardian realizan retrospectivas sobre el trabajo "de día" de Wilson y destacan sus logros, no sólo como empresario musical, sino también como figura importante de la televisión. No en vano, el programa de Tony Wilson fue el primero en contar con una actuación de Sex Pistols, el grupo que más tarde escandalizaría a la sociedad británica.
Una vida dedicada a la promoción musical
Wilson, periodista y sensible a las tendencias, se encontraba en una posición ideal desde la que a finales de los años 70 vio venir la revolución musical que sacudiría al Reino Unido durante la siguiente década. En su programa de televisión, So it goes, Wilson entrevistó a decenas de bandas musicales que formaban parte de lo que él estaba convencido que sería una nueva y excitante escena musical.
Pero su labor por dar salida a los grupos que giraban en torno a la etiqueta de post-punk -un cajón desastre que incluye a muchas formaciones influenciadas por el punk pero con intereres también en la música negra, en la oscuridad de los sintetizadores y en la actitud arty de Nueva York- no se limitó a la difusión en televisión.
Desde su Manchester natal promovió el sello discográfico Factory, una suerte de cooperativa musical con la que nunca llegó a hacer dinero -no quiso tener poder sobre los derechos de las canciones que publicaba-, a pesar de que publicó discos de bandas tan conocidas como Joy Division, Happy Mondays, New Order, Durutti Column e incluso los Sex Pistols.
Fruto del trabajo de Factory nació la sala The Haçienda, un complemento ideal para un sello discográfico y una estrategia empresarial, la de ampliar el negocio discográfico con el de los locales nocturnos, que se vio abocada al cierre en 1997. El local estaba dirigido por Wilson y el grupo New Order, que destianba gran parte de los beneficios de la venta de sus discos a mantener el club.
The Haçienda fue probablemente el primer club europeo en el que la figura del DJ era considerada como el sacerdote de una ceremonia en la que la música era un culto, a la imagen de otras escenas como la de Ibiza en 1988.




