Los fans incondicionales de Los Simpson no deberían asustarse: la película, salvando algunas diferencias formales, no es más es un capítulo de la serie especialmente ingenioso, caro y largo. Como esos especiales de Halloween que tantas veces hemos visto pero sin la temática esotérica, una sola historia, y con una duración de tres capítulos reales (87 minutos). Eso sí, sin publicidad.
Es de agradecer que Matt Groening, padre de las criaturas, James L. Brooks, productor, y David Silverman, director de la película, se hayan esforzado al máximo por mantenerse fieles a los patrones marcados por una serie que ya se ha convertido en uno de los hitos más importantes de la historia de la animación y de la televisión. El largometraje es el resultado final de un presupuesto astronómico y un intenso trabajo que comenzó en 2003 y acabó, según palabras de Silverman, "el pasado jueves 19 de julio" cuando terminaron de animar los últimos detalles.
De no ser así, 20th Century Fox habría corrido el riesgo de defraudar a toda una legión de fans a lo largo y ancho del planeta. Y es que, por mucho que los productores de la película aseguren que cualquier persona que no haya visto la serie podrá disfrutarla por completo, nunca podrá ser igual si desconocemos la histórica relación entre los Simspson y los Flanders, la inteligencia suprema del bebé Maggie o el historial de prácticas corruptivas del alcalde Quimby.
Diferencias, haberlas haylas
En el plano técnico, existen algunas novedades con respecto a la serie, pero se trata de aspectos que la factoría Groening ha cambiado para hacer más asequible el consumo de los personajes en la pantalla grande.
Por ejemplo, el amarillo característico de las criaturas Groening es un poco más brillante en la película. Se han trabajado más las sombras porque las figuras son de mayor tamaño que en la televisión, algo que ha requerido una mayor definición técnica y que también se ha resuelto usando una paleta de colores más amplia a la que nos tenían acostumbrados.
En lo narrativo, hay una gran diferencia con respecto a la serie de televisión: en una historia de 87 minutos hay tiempo para la exploración de los sentimientos de los personajes. Por ejemplo, todos sabemos que Homer Simpson le echa las manos al cuello a su hijo cada vez que éste hace una gamberrada, pero si no fuera por la película no sabríamos que Bart puede llegar a sentirse resentido hasta el punto de buscar en Ned Flanders, el repelente vecino, al padre que Homer nunca fue.
La historia que cuenta la película de los Simpson podría ser la de cualquier capítulo de las últimas temporadas. Como siempre, Homer desoye a Marge y hace algo que pone a su familia y al pueblo de Springfield (que según la película su situación geográfica es tan absurda como decir que colinda con Mallorca, Vigo, Jaen y Cáceres) en peligro. Como resultado, Homer es perseguido por una masa enfurecida, la familia Simpson tiene que huir a Alaska hasta que Homer tiene una revelación que le hace tomar conciencia de la situación y decide volver a Springfield para arreglarlo todo. ¿A alguien le suena el argumento?
Ni un títere con cabeza
Desde el primer segundo de la película queda claro que la historia no es tan importante como sus gags. Es una narración de éxodo y posterior vuelta al hogar, pero habría valido cualquier otra. Lo que realmente importa de Los Simpson son los cañonazos de acidez, sarcasmo y mala uva contra los valores fundamentales de la sociedad norteamericana.
Ya antes de que comience la película, cuando aparece la careta de 20th Centuty Fox, vemos a Ralph Wiggum encaramado en el 0 del logotipo de la productora haciendo sus típicas ñoñerías con una corneta. Desde ahí es un no parar; la factoría Groening se ensaña con su productora (la Fox), con sus criaturas (Los Simpson), sus espectadores (sentados en el cine), los críticos, la Disney, Hollywood, la Iglesia, Al Gore, Green Day, el Gobierno de los Estados Unidos y su presidente (que en este mundo paralelo es Arnold Schwarzenegger: "He sido elegido para decidir, no para pensar"), Internet y las redes P2P, los vídeos caseros y el fenómeno Youtube, Harry Potter, Tom Hanks ...
Animación en el cine, un negocio redondo
Teniendo en cuenta el consumo de televisión desbordante que los jóvenes de los países más desarrollado realizan cada semana (según un estudio de la compañía norteamericana X Plane, los norteamericanos de 21 años han visto una media de 20.000 horas de televisión), es lógico que la parte más poderosa de la industria del cine tenga especial predilección por las adaptaciones cinematográfica de origen televisivo.
Hace algunas semanas fue Transformers, pero antes habían sido South Park, los Rugrats, un sinfín de superhéroes con la marca de Marvel, el Inspertor Gadget, Garfield y Los Picapiedra. En el principio de los tiempos se produjo precisamente el caso contrario. La Pantera Rosa saltó de la pantalla grande a la animación en televisión.
En el apartado de las adaptaciones fuera del género de la animación, el Superagente 86, El Coche Fantástico y El Equipo A tendrán su estreno en la gran pantalla en los próximos años. Poco se sabe a este respecto, más allá de que la fecha de estreno para el agente secreto del zapatófono será para el 2008.
La pregunta es, ¿por qué es más rentable adaptar series de televisión que obras literarias? Es sencillo, si descartamos a Harry Potter, El Señor de los Anillos, El Código da Vinci y demás superventas apetitosos, ninguna productora de Hollywood aceptará un guión de origen literario a no ser que venga con una garantía de éxito (como una superestrella del cine vinculada al proyecto) o con un aval de éxitos anteriores (como sucede con las historias de ciencia ficción de Philip K. Dick, autor de historias como Blade Runner).
Más allá de las pocas historias que cumplen estos requisitos son la productoras y directores independientes quienes se encargan, desde un punto de vista más romántico, de autor, siempre tratando de enfocar la producción hacia la rentabilidad pero asumiento más riesgos, los que se encargan de llevar a la gran pantallas historias que, a juzgar por lo poco que se lee en algunos países, caerían en el olvido para la gran mayoría.

