Altas temperaturas, más sudoración y calzado inadecuado. Este cóctel explosivo tiene una víctima clara durante el verano: nuestros pies.
Dicen que los pies de una persona recorren el equivalente a dar tres veces la vuelta al globo durante su vida. Es la parte que más trabaja de nuestro cuerpo, la que más presión soporta, pero a la vez, la que menos mimos y cuidados recibe, lamentan los podólogos. Ocurre durante todo el año, pero si esa atención no crece durante el periodo estival, el resultado más probable será la aparición de dolencias, de las que la infección por hongos es la enfermedad más frecuente del verano.
A continuación te proponemos un decálogo de consejos sencillos y prácticos para que no entres con mal pie en este verano.
1. Cuidado en los centros públicos. Las visitas en esta época del año a centros termales, piscinas, duchas públicas y vestuarios de gimnasios son el caldo de cultivo idóneo para gérmenes y bacterias. Los podólogos recomiendan no olvidar las chanclas y calzado cómodo y fresco para frecuentar estos lugares, pero añaden a la lista sitios cálidos y húmedos como las moquetas de los hoteles, el intercambio de toallas, calzado o calcetines como focos de contagio. También aconsejan extremar las condiciones de limpieza cuando se sale de estos sitios, secando bien el pie, sobre todo por la zona entre los dedos, la planta y las uñas.
Lo que pocos saben es que estas infecciones que se contraen en piscinas y balnearios no tienen por qué aparecer de inmediato, sino que a veces, se manifiestan al cabo de unos meses en forma de verrugas en la planta del pie y papilomas y, entonces, no encontramos explicaciones para su aparición.
2. Productos frente a las infecciones. Si no ponemos remedio y la infección hace acto de presencia, sus síntomas más habituales serán la piel reseca, quebradiza y escamosa en el área afectada. Se sucederán fatalmente la picazón y el ardor, incluso las llagas o ampollas y el engrosamiento y decoloración de las uñas, en los casos más graves. Además de la visita al especialista, hay que utilizar pomadas y geles adecuados. La ampolla se puede pinchar, pero nunca arrancar la piel, y hay que desinfectarla varias veces al día.
3. A la hora de entrar a una zapatería. Oprimidos y encerrados en el invierno, de repente los pies salen a la libertad, pero indebidamente protegidos en la mayoría de los casos. El podólogo extremeño Pedro Gutiérrez advierte de que el calzado debe estar siempre bien sujeto (con una tira por el talón, si es posible) para evitar la tendinitis del pulgar del pie.
Seducidos por las modas, las anteponemos a la salud de nuestros pies, que acusan si el tacón es superior a los cinco centímetros en el caso de la mujer y de cuatro centímetros en calzados de hombre. Ese apoyo debe ser ancho para amortiguar el dolor al cabo de las horas. Gutiérrez destaca un aspecto curioso y es que "el tacón acorta el músculo del gemelo y se hace adictivo", por lo que la persona acaba abusando de un elemento que eleve su pie para sentirse cómoda.
Como todo el mundo sabe, los pies se inflaman durante el verano, así que hay que entrar a las zapaterías por la tarde, cuando su volumen es mayor y no llevarnos sorpresas desagradables la mañana siguiente. Hay que tener en cuenta que del asfalto recalentado, el pie sólo se libra con una exigua suela, que tampoco debe ser muy rígida. Por eso, los expertos tildan las sandalias con sujeción, de piel o cuero, nunca de materiales acrílicos, plásticos o sintéticos, como el calzado idóneo del verano.
Muchas zapatillas deportivas no favorecen la transpiración del pie, por lo que se debe limitar su uso a los momentos de ejercicio físico, pero nunca con calcetín o media de nylon, siempre de algodón.
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4. Sanea tus viejos zapatos. Si no nos llega el presupuesto para renovar nuestro calzado, hay un truco para sanear esos zapatos desgastados del verano pasado: "Si es de piel, se le da una capita de crema por dentro para que los forros que se han quedado duros y secos no agredan al pie", explica el doctor gallego Óliver Regueiro. Este especialista recomienda hidratar el calzado por dentro, además de usarlo antes en casa.
5 y 6. Higiene e hidratación básicas. Sólo hay dos formas cotidianas de poner un escudo frente a las rozaduras, callosidades y durezas que proliferan en época estival. La primera es mantener la higiene del pie. Como haces con tus axilas, aunque es mucho menos conocido, existen para ello polvos o desodorantes pédicos, lociones refrescantes con bálsamos y activadores de la circulación sanguínea.
Si prefieres algo más barato, basta con frotar dos veces al día la planta del pie con bicarbonato, que es el equivalente a los tradicionales baños en un barreño (ahora los hay eléctricos) que utilizaban nuestros abuelos. Al agua se añade sal gruesa, hielo o vinagre. Si optas por esta fórmula, tiene que sumergir los pies diez minutos como máximo, porque si no se reblandece la piel y se convierte de nuevo en vulnerable.
Lavar los pies dos veces al día es crucial en verano. Nos jugamos su salud, aseveran los podólogos. Después de lavarlo, hay que secarlos muy bien, como ya hemos dicho, porque la humedad es su peor enemigo. También debes masajearlos levemente.
7. Aprovisiónate del botiquín imprescindible. Hay varios elementos fundamentales que no pueden faltar en el botiquín para nuestros pies. Hay que lavarlos con jabón neutro, secarlos con una toalla de algodón, tijeras de punta redondeada para recortar bien las uñas y que ninguna cutícula pueda insertarse en la piel con el roce de la sandalia, meter las chanclas en nuestra bolsa de la piscina o el gimnasio y crema hidratante para después del lavado. Si se va a tomar el sol, los pies son la zona de nuestro cuerpo con mayor propensión a sufrir quemaduras solares, por lo que hay que agregar a este botiquín la crema solar.
Si pese a todos los cuidados, aparecen las heridas por el estreno de calzado veraniego, hay que echar mano de las tiritas o algún apósito especial en las zonas de máximo roce, ya que si no pueden agravar el problema a largo plazo.
8. Sudoración, menos es más. Hay que hacer todo lo posible por mantener los pies secos, pero, inevitablemente, el sudor aparece en la estación veraniega. Se logra bien con jabón antibacterial y desodorante, o bien con friegas de vinagre blanco o alcohol. También el talco para bebés mantiene secas las zonas de gran transpiración.
9. Combate el mal olor. Con el sudor suele hacer acto de presencia el mal olor. Los especialistas ilustran el combate contra el hedor con una regla de tres fácilmente memorizable: existe una relación directa entre lo que se come y el estrés que suframos con la sudoración y el mal olor que emitamos. Por ello, una dieta blanda que carezca de grasas y carne roja, así como la tranquilidad y el relax pueden mitigar la pestilencia.
10. Vacaciones a pie de mar. Las caminatas en la arena de la playa y los baños de agua salada son muy recomendables para conservar la salud maltratada de nuestros pies, así que las vacaciones a pie de mar constituyen una de las recetas prescritas por los podólogos.





