"Estamos muy contentos, ya hemos ido al banco; nos viene..., vamos, una alegría...". Entre nerviosa y eufórica respondía Tamara Rincón, una joven de 21 años del barrio madrileño de Orcasitas, a las preguntas de los periodistas delante de la Administración de Lotería número 64 de Madrid, en el centro comercial Carrefour de los Ángeles. "Teníamos que venir a verlo porque no nos lo creíamos", explica Tamara, que se acercó a mediodía por el citado establecimiento acompañada por su hermana Jessica, su padre Luis - que fue quien compró el décimo- y su tía.
El padre de Tamara, de 42 años y que se dedica a la construcción, adquirió el boleto el pasado jueves, "a última hora", explica la joven. "Ha sido una suerte, una casualidad; mi padre vio el número y le gustó", cuenta Tamara, madre de una niña de 16 meses. Los 100.000 euros del segundo premio correspondiente al número 78.400 permitirá a su familia tapar "algunos agujeros". "Algunos préstamos que tiene mi padre y para los Reyes y para mi abuela", Dolores, a la que acaban de operar de un cáncer de pecho hace dos semanas y está en casa convaleciente.
"Lo hemos pasado muy mal", nos explica Tamara. Y añade: "todavía no nos lo creemos". Fue su padre fue quien entró en casa gritando "¡Que me ha tocado!, ¡Que me ha tocado!", mientras el resto de la familia veía el sorteo por televisión. "Entonces hemos empezado a saltar de alegría", dice Tamara. Tanto ella como su hermana están en el paro. Jessica, de sólo 19 años, espera un bebé para dentro de cuatro meses y medio. De ahí que la alegría por el premio sea, si cabe, mayor. "Solemos jugar muy poco", cuenta la joven por teléfono, ya en casa y entre gritos.
"A tomar por saco la lavadora"
A las once y once minutos de la mañana, otra Tamara, algo más joven y de apellido Muñoz, cantaba el 78.400, leyendo los números grabados en la bola que sostenía en sus manos. Su compañera Rosmeris Valenzuela gritaba a continuación: "¡Un millón de euros!". Era el décimo alambre de la quinta tabla. Ambas niñas ya habían anunciado poco antes uno de los dos cuartos premios, el 79.294, dotado con 200.000 euros a la serie.
Poco antes de que Tamara y su familia acudieran a la administración de lotería, una anciana que dijo ser vecina del barrio de Barajas, se había presentado allí entre sollozos con un décimo hecho añicos, supestamente del número premiado. "Lo he lavado yo sin darme cuenta", se lamentó entre lagrimas la mujer -que dijo llamarse María del Carmen- a su llegada al local. En sus manos, una pequeña bolsa de plástico transparente con los pedazos recuperados del boleto. Tras acercarse con dificultades a la administración, rodeada por no menos de una veintena de cámaras fotográficas y de televisión, para consultar su caso con los empleados, ha salido más tranquila.
"Me han dicho que lo arreglarán", explica la mujer. "Cuando estaba almorzando y he oído el numero, he dicho: 'Anda, pero si me ha tocado'", cuenta, indicando que es "la primera vez" que juega. "Voy a mandar a tomar por saco la lavadora", dice nerviosa Mari Carmen, que explicó que había anotado el número en un papel y que quiere el dinero del premio para su hijo, de 39 años, que está en paro y espera un hijo de su mujer. La mujer debería ahora llevar el décimo a la Casa de Moneda y Timbre para ser examinado.
Horas después de la aparición de la mujer en el centro comercial, la emisora de radio catalana RAC1 aseguró que todo se trataba de un montaje de El Terrat, productora del programa de La Sexta Salvados que dirige Jordi Évole -más conocido como El Follonero-, y que la supuesta ganadora del segundo premio era en realidad una actriz contratada para la ocasión.
"Tenía el presentimiento"
"Ayer llamé a Sevilla y le dije a mi amiga Macarena: 'Mañana salgo en la tele, prepárate que vamos a dar algo'. Tenía el presentimiento". Soledad Arcega, empleada en la administración número 64 desde hace dos años, intuía que algún premio iba a tocar en su establecimiento. Soledad, de 46 años y vecina del barrio madrileño de Barajas afirma que tuvieron décimos del 78.400 "hasta última hora". "Se habrá devuelto muy poco", si es que ha sido el caso.
Soledad explica que es el primer premio "grande" que da desde que trabaja en el centro comercial. Aunque ella no había apostado nada al número premiado, siente "mucha alegría. "Al poquito de llegar di a una señora un premio de la primitiva de unos 4.000 euros", explica. El establecimiento tenía el número íntegro, las 195 series del 78.400. "Sé de clientes que lo han rechazado", dice Soledad.
Uno de ellos es Pedro Pulido, soldador jubilado de 67 años. "Qué cosa más fea", dijo al ver el número ahora premiado. "Yo ese no lo cojo", pensó Pedro, que suele jugar todos los años varios décimos siempre con distintas terminaciones y al que nunca le ha tocado nada.
Ana, empleada del establecimiento de dietética Natur House contiguo a la administración de lotería en el centro comercial, no jugó al 78.400. "Lo había visto, pero no me gustó". La joven, de 25 años y que lleva dos en su actual trabajo asegura sentir "una mezcla de sensaciones; entre rabia y emoción". Sí compró el número "del Carrefour", que no resultó premiado. Dice que no piensa jugar en el próximo sorteo del Niño -el 6 de enero- porque está "sin un duro".
Casi todo, a una editorial
Pero el segundo premio del 78.400 fue a parar casi en su totalidad a la empresa editorial Wolters Kluwer, con sede en el municipio madrileño de Las Rozas. "La compañía tiene casi mil trabajadores en toda España y prácticamente todos han debido comprar", explicaron fuentes de la empresa citadas por la agencia Europa Press. Cada uno de ellos se llevará 100.000 euros por décimo. "Todo el mundo está súpercontento, y lo que no compraron se alegran por los demás".
Parte de esos trabajadores premiados pertenecen a la sede valenciana de la editorial jurídica CISS -integrada en el grupo Wolters Kluwer-, que tenían en su poder participaciones de 138 décimos del 78.400, adquirido íntegramente por la central de la empresa en Madrid, informa EFE. "La gente ha empezado a correr y a gritar, pero no sabíamos lo que pasaba", relató una de las administrativas del centro. "Todo estaba en silencio y mi compañero se ha puesto a chillar".

