Esperanza Puente abortó de su segundo hijo hace 13 años. Desde 2004, asesora a otras mujeres en la Fundación RedMadre para apoyar a embarazadas. Intervino en la Subcomisión del Aborto el pasado día 3 de diciembre
ADN.es
Los últimos datos sobre la tasa de abortos en España, que el Ministerio de Sanidad hizo públicos este martes y según los cuales en 2007 se practicaron el doble de interrupciones voluntarias de embarazos (IVE) que en el año 1998, han desatado un cruce de interpretaciones partidistas en el seno de la Subcomisión del Congreso de los Diputados que aborda la posible reforma de la ley vigente. Según la portavoz de Igualdad del PSOE, Carmen Montón, la cifra hace más fehaciente la necesidad de modificar la legislación abortiva, mientras que para su homóloga en el PP, Sandra Moneo, el aumento de un 10% del número de abortos en sólo un año es "absolutamente escandaloso" y prueba del "fracaso" del PSOE en prevención y educación.
Y, en medio de ambas bancadas políticas, se sentaron ayer los expertos llamados por los partidos a comparecer en el órgano parlamentario. Entre todos los testimonios ofrecidos, encontramos el único de una mujer que ha pasado en primera persona por un aborto provocado, Esperanza Puente Moreno, convocada por el Partido Popular.
Esperanza perdió a su segundo hijo hace 13 años. Hoy tiene 41, y no le ha temblado el pulso para espetar a los diputados que "tiene dos hijos: uno vivo de 22 años y otro muerto, hace 13 años". Desde 2004, esta mujer trabaja en la fundación RedMadre para asesorar a embarazadas con dudas o que atraviesan una difícil coyuntura económica o sentimental y las anima a que tengan a su bebé porque "no estarán solas". Al salir de su comparecencia, conversa con ADN.es.
- ¿Qué les ha contado a los miembros de la subcomsión?
- Simplemente, mi testimonio personal de cómo sufre una mujer antes, durante y después del aborto. Seguimos estando indefensas y desamparadas frente a esta realidad. La mujer que aborta se enfrenta al silencio y la soledad, una losa añadida al síndrome postaborto. Pero ni entonces, cuando a mí me hicieron abortar, ni ahora, se informa de las consecuencias reales del aborto.
- ¿No encuentra diferencias entre la información que a usted se le dio hace 13 años en una clínica privada y la que se ofrece en la actualidad?
- No. Ahora sólo te dan unos consentimientos informados que indican cuatro consecuencias físicas del aborto, pero también se dice que estos efectos sólo se producen cuando los abortos son clandestinos. Insisto y seguiré insistiendo en que estos consentimientos que se dan en centros privados son incompletos e ilegales. A la mujer embarazada se la sigue dejando de lado, indefensa, lo que se puede sumar a una situación muy complicada de abandono de su pareja, de conflicto familiar, exclusión social y problemas económicos. No, no ha habido cambios. Desde hace cuatro años trabajo con mujeres que no quieren enfrentarse a un embarazo imprevisto, pero tampoco a un aborto provocado. No creo que haya ni una sola mujer que acuda libremente a que corten a su hijo en pedazos.
- ¿Y cuál es la alternativa?
- El problema es que no se les están dando otras alternativas. La mujer que se queda embarazada debe saber que hay más opciones que el aborto, como que hay entidades que te ayudan, talleres de inserción, de acompañamiento familiar, de asesoramiento médico, prestaciones sociales... Hay que darles toda la información. La realidad del aborto es mucho más dramática después de efectuado cuando la mujer no tenía todos los datos. No es justo que les digan que no hay efectos porque las clínicas están bien preparadas, cuando no es verdad: te pueden provocar desde un desgarro vaginal a dejarte dentro rastros de tu bebé.
- ¿Se arrepienten entonces, como en su caso?
- En mi caso, me dijeron que era un tejido de células que podía cortar, me dijeron que era la solución más sencilla, sin secuelas. Yo tenía un gran conflicto familiar, porque había sido madre soltera a los 18 años y era mi segundo embarazo. Soy de un pequeño pueblo de Castilla-La Mancha y la gente allí me hizo sufrir mucho. Cuando me confirmaron que estaba embarazada en la Seguridad Social, directamente me dieron el número de un centro donde abortar. El comentario era que el aborto era la solución más sencilla. No me comentaron que hay instituciones ni ayudas ni nada. Me arrepentí desde el primer momento, pero tuve mala suerte porque el señor que me operó y la señorita que le asistía se largaron y me dejaron con los restos de mi bebé al lado. Me dijeron que era un tejido, pero aquello era un bebé de tres meses, cortado en pedazos.
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- Le comentaron que era indoloro. Pero más que en lo físico, ¿precisó de ayuda psicológica?
-A partir del aborto, comienza un infierno psicológico. Creo que el 100% de las mujeres que han abortado, a lo largo de su existencia vital, van a sufrir el síndrome postaborto. De mi experiencia con mujeres embarazadas, he comprobado que hay mujeres que al principio parece que lo sobrellevan , y que después, a los 20 años de abortar, lo padecen por cualquier circunstancia: por el nacimiento de un nieto, porque ven a unos niños jugando en el parque...
-Todo un calvario psicológico, pero... ¿qué siente una mujer que ha abortado?
- Sobre todo, es un sentimiento de culpa y de ira muy difícil de superar, la angustia, tienes pesadillas recurrentes con imágenes de un bebé al que cortan, tiendes a la autolesión, a obligarte a ver bebés. Tienes el pensamiento de que no te mereces nada bueno que te pase, o rechazas el sexo o lo practicas con la única intención de reparar lo que has hecho. Independientemente de biologías y creencias, te culpas por lo que has hecho. No nos hemos levantado de la camilla todavía.
- Usted ha rehecho su vida pero no ha tenido más hijos. ¿Se supera?
- Yo he superado con ayuda psiquiátrica el síndrome postaborto, pero durante muchos años me encerré y me culpé a mí misma, al hombre y después, al que menos tiene que ver, que es tu propio hijo vivo. Sin embargo, no he superado el hecho de que, como digo siempre, soy madre de dos hijos, uno vivo de 22 años y otro muerto al que no le puedo ni poner rostro, pero es como si te preguntan qué dedo de la mano prefieres que te arranquen para que no te duela. Te duelen todos.
- ¿Qué espera de la comisión en la que ha intervenido hoy? Algunas voces críticas dicen que es un paripé y que el Gobierno ya tiene pensada la reforma de la ley del aborto por una de plazos.
- Políticamente, me preocupa que se venda a l sociedad el aborto como síntoma de libertad y de progreso, porque el aborto nos afecta a todos: a los padres, a las madres, y a los bebés que no ven la luz. Se sigue promocionando la muerte como la única solución, se sigue promocionando el reparto de preservativos entre los jóvenes como la solución, pero no se puede abocar a los jóvenes a decirles ahí tienes el preservativo y ahora, apáñate como puedas. La sociedad esconde la cabeza como una avestruz.
Sea un paripé o no, el Gobierno ha pedido reformar la ley en base a una demanda social que no existe. Y lo que me preocupa también es que un debate así se realice a puerta cerrada, porque la sociedad tiene derecho a saber lo que se está planteando sobre la mesa. Es una falta a la democracia y a la libertad.
Ampliar el aborto es sólo ampliar el negocio del aborto, que es el cuarto que más volumen de dinero mueve en el mundo. Se manipula a la sociedad civil vendiendo el aborto como libertad y progreso, cuando para ninguna mujer que ha abortado les ha supuesto ni salud, ni libertad, ni progreso y cuando los propios servicios sociales te remiten a clínicas privadas. Con nuestros impuestos se están pagando 40 millones de euros para financiar centros y prácticas abortivas, mientras que no se subvencionan con los tres millones de euros que cuesta sacar adelante programas de inserción y apoyo a la mujer embarazada. Esto sí es una desigualdad, una injusticia y una discriminación.





