Las captan en Brasil, ofreciéndoles contratos en el sector servicios o como prostitutas, sin imaginarse las condiciones infrahumanas en las que van a ejercer la prostitución. Muchas no se habían acostado antes por dinero, pero por un puñado de billetes se aventuran a dejarlo todo para venirse a nuestro país. Llegan a través del aeropuerto de Madrid, pero también de Lisboa, Oporto y otras capitales europeas, como relatábamos ayer. Es entonces cuando son trasladadas a los clubes, puerta de entrada a su infierno personal.
Muchas veces no saben con certeza dónde se encuentran, una confusión que se ve acrecentada por el aislamiento que sufren, pues permanecen encerradas en locales que suelen estar alejados de los centros urbanos. "Una vez me llamaron dos brasileñas que estaban secuestradas en un club para que las ayudásemos", recuerda Beatriz Cercas, asesora jurídica de la Asociación de Derechos Humanos de Extremadura, quien apenas recibió más información hasta que volvió a llamarle la madre de una de ellas.
"Pensaban que estaban en Madrid, pero en realidad sólo veían a través de la ventana del baño una carretera y árboles. Al final, las liberaron en un club que estaba entre la capital y Burgos", añade esta abogada extremeña, consciente de la dificultad para entablar una relación de confianza con las mujeres para poder ayudarlas. "Llegué a conocer a una prostituta que no quería reconocer lo que hacía y prefería decir que trabajaba como cocinera en un club".
Una vez allí, las mujeres suelen estar durante 21 días para, posteriormente, ir pasando de un local a otro. "La rotación de brasileñas se produce para que no se apeguen a los clientes y los clubes funcionan como un hotel, donde trabajan y alquilan un cuarto para dormir", asegura una experta que conoce a fondo el mundo de la prostitución. Además del ansia de chicas nuevas que tienen los que se acercan a las whiskerías, el continuo traslado impide que traben amistad entre ellas.
Miedo a los explotadores, pero también a denunciar
Carla relata en este vídeo que no fue capaz de acostarse con un cliente durante los primeros días en España, por lo que el dueño comenzó a intimidarla. Lejos de esa pesadilla, reconoce que necesitaba consumir alcohol y drogas para soportarlo. "Las doblegan psicológicamente", explica Ramón Esteso, responsable de exclusión social de Médicos del Mundo.
Según él, el ejercicio de la prostitución supone para las brasileñas "un shock por cuestiones religiosas y culturales". Por no hablar de las advertencias de hacer pública su condición en su localidad de origen, una afrenta por la que no quieren pasar, o de las amenazas de matar a sus familiares. "Una chica de Goiás se atrevió a declarar a la Policía y le mataron a su hijo en Brasil", asegura Silvia Pérez, coordinadora de la asociación Alecrín.
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Además de las agresiones, algunas prostitutas también sufren dependencia psicológica de sus explotadores, a los que difícilmente delatarán, porque en el fondo creen que son los únicos que pueden ayudarlas. Denunciar implica reconocerse ante la Policía como irregular y enfrentarse a un proceso de expulsión, a la vez que se sienten desamparadas ante la ley.
"No hay ayuda psicológica para ayudarles a que denuncien", asegura Cercas. "Se las trata como infractoras, no como víctimas, por lo que sólo el 1% de las obligadas a prostituirse llegan a denunciar". La portavoz de Alecrín, que presta asistencia legal a las prostitutas y se presenta como acusación popular si deciden cursar una denuncia, añade que "los dueños les amedrentan y les hacen creer que si declaran en un juicio el perjuicio va a ser para ellas".
Explotadores y fuerzas del orden
Las situaciones con las que se encuentra la Policía son dramáticas. "Cuando llegamos a un club, algunas se escapan y echan a correr. Si están en situación legal, les preguntamos por qué huyen. Nos dicen que tienen miedo y se ponen nerviosas. En una ocasión, una mujer, entre el nerviosismo y la bebida, se tragó la lengua y un compañero tuvo que evitar que no se asfixiase", relatan fuentes de la Brigada de Extranjería de Badajoz, que estiman que un 20% de las brasileñas no tienen papeles. Otras fuentes consideran que la cifra de indocumentadas es muy superior.
En su huida, recurren a cualquier escondrijo para evitar ser arrestadas, desde un armario hasta los bajos de una cama. Temen a su explotador, pero también a las fuerzas del orden. Y no quieren que el sueño/pesadilla llegue a su fin. Carla lo consiguió, pero no a cualquier precio. "Mi vida no tenía sentido. Aquí maduré mucho, pero con sufrimiento. No le deseo a nadie lo que pasé, porque me ha generado secuelas para siempre (vídeo)".
Ahora que ha rehecho su vida, confiesa que no volvería a coger el hatillo y cruzar el Atlántico en busca de una vida próspera. Es falso: la realidad era ésta. "La prostitución destruye a la persona. Que ninguna chica piense que en España van a ganar montones de dinero, porque en el mundo de la prostitución hay malos tratos y cada año que pasa las cosas empeoran".
Tarifas e intereses
Una chica puede cobrar unos 50 euros por servicio, 100 euros por salida y entre 300 y 500 euros por noche, aunque depende de los locales y las condiciones a las que estén sometidas. "Incluso hay clubes que incluyen en el servicio la cocaína", asegura Pérez, quien deja claro que "si hay trata, a veces no ven un duro durante los primeros meses". Y si pactan con el dueño del club que le manden remesas a su familia, "le cobrarán los intereses" del préstamo.
Aunque las mujeres podrían liquidar en uno o dos meses la deuda contraída, el sistema al que se ven sometidas provoca que su dependencia de las mafias se dilate, tanto por los intereses como por los nuevos gastos que se ven obligadas a realizar nada más poner un pie en España.
Al principio, comenta Esteso, "no son conscientes de que son víctimas de trata" y creen que el pago de la deuda es sinónimo de reintegro de lo adeudado, sin pensar que redes o dueños de clubes se lucran a su costa y que están siendo explotadas. "Cuando se dan cuenta, se preguntan cómo pudieron aguantar en esa situación, aunque a veces prefieren poner tierra por medio para no recordar sus comienzos", concluye el portavoz de Médicos del Mundo.
Cuenta saldada: ¿qué hacer entonces?
Una vez saldada la deuda, las mujeres pueden regresar a su país o quedarse en España como irregulares, puesto que lo habitual es que hayan llegado con un visado de turista de tres meses. Algunas vienen por temporadas, intermitentemente, durante años. Otras siguen prostituyéndose y, al estar libres, se someten a la disciplina que marcan los dueños de los clubes: rotación y pago de la diaria, o sea, de los gastos que realiza una chica en el club.
Policía y ONG reconocen que es difícil que una mujer abandone la prostitución para ganar un exiguo sueldo como cuidadoras o empleadas del hogar. "Conocimos a una chica que trabajó una semana limpiando y lo dejó porque, como decía ella, los 600 euros que le iban a dar al mes los ganaba en dos noches. Y se volvió al club", explica un agente de la Brigada de Extranjería de Badajoz.
Son muchos los factores que provocan que sigan ligadas a la prostitución y es entonces cuando entran en escena las asociaciones de ayuda a víctimas o en defensa de las prostitutas, que suponen para ellas un haz de esperanza. Otras, en cambio, no tienen esa opción porque están sometidas a un régimen de explotación sexual. La única salida es la fuga, en ocasiones ayudadas por un cliente, aunque eso supone a veces un nuevo via crucis.
Hay otra alternativa, pero no siempre es bienvenida: la intervención policial, que hasta ahora les ha supuesto enfrentarse a su condición de irregulares y tener que regresar a su país, humilladas ante los suyos por no haber hecho las europas.
Mañana, próxima entrega: "La luz existe, pero depende de la salida que quieran tomar"

