Los currículos de los españoles sufren de hipertrofia en el apartado destinado a los idiomas. Presumimos precisamente de lo que carecemos, algo que se refleja también en las encuestas. Por ejemplo, un 52% de las personas entre 18 y 24 años asegura que tiene conocimientos suficientes de inglés, pero todo cambia cuando un turista se cruza en nuestro camino o el cantante británico de turno le dedica en medio del show una parrafada al respetable. Típica pregunta al vecino de foso:
- ¿Qué ha dicho?
- No sé, algo así como que Spain is different.
Saber inglés no sabremos, pero quejarnos se nos da bien. Casi la mitad de los españoles creemos que el sistema educativo no ha sabido dar una respuesta a tiempo a la necesidad de dominar lenguas ajenas. Y, si buceamos en un estudio de los profesores Francisco Alvira y José García López, veremos que el 62% de los jóvenes valora desfavorablemente la enseñanza de idiomas en su tránsito por colegios e institutos.
Mejor no hablar de los mayores de 55 años, que pasan de inflar sus conocimientos y reconocen que no tienen pajolera idea de hablar ni escribir en inglés. Sólo el 5% lo domina, frente al 42% de los encuestados entre 25 y 34 años. Las cifras parecen indicar que la enseñanza mejora cada día, pero aún así los trece o catorce años de lecciones que hemos recibido muchos se antojan insuficientes para aprender un idioma.
Sin embargo, las causas del retraso respecto a nuestros vecinos del norte de Europa, por ejemplo, son cualitativas. "Insuficiente constancia personal, ausencia de los métodos apropiados de enseñanza, escasez de recursos materiales y profesorado pedagógica y lingüísticamente poco preparado...", explican Alvira y García López en Los idiomas: un reto para los españoles, elaborado a partir de datos del CIS y publicado en Cuadernos de información económica (FUNCAS).
Si echamos la vista atrás, cuando no superábamos la docena de años, nuestra sensación es amarga, pues un 82% de los entrevistados considera que los colegios e institutos no concedían importancia al aprendizaje de idiomas. Más de uno se ha dado de bruces en la escuela con algún profesor que impartía (caso real) matemáticas, ciencias naturales, gimnasia, inglés y gallego... Algo ha cambiado con el paso del tiempo, pero la situación tampoco es halagüeña: sólo un 55% de nosotros aprecia hoy en día la enseñanza durante el periodo escolar.
La letra con talonario entra
Pero el conocimiento de lenguas extranjeras no varía sólo en función de la edad, sino también de la condición económica y social. Así, las personas que hablan bien inglés son menores de 35 años, con estudios medios y superiores, de clase alta y media-alta, y residentes en comunidades opulentas como Cataluña, Baleares o Madrid.
Vamos, que sólo un 13% de los obreros (ese concepto a revisar) habla algo de inglés, frente al 48% de los individuos de clase alta o media alta. Y si hablamos de personas mayores de 35, el bache idiomático sólo ha sido salvado por los adinerados a golpe de talonario gracias a las clases particulares y a los viajes al extranjero.
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Vistas las desastradas dotes que tenemos con las lenguas bárbaras, cabe preguntarse si valoramos realmente hablar inglés, francés, italiano, alemán o, ya puestos, ruso, japonés, árabe o chino.
La respuesta es no. Un 3% pensaba hace una década que era el principal requisito para encontrar un buen empleo, según el citado estudio, mientras que en la actualidad lo cree un 9% de la población. O sea, que apenas una de cada diez personas cree que el destierro del trabajo basura pasa por la competencia lingüística.
En definitiva, diestros con la lengua de otros, más bien pocos. Un 16% dice que atesora, lo cual no quiere decir que sea cierto, un nivel avanzado de conocimiento del inglés y un 10%, del francés. Unas cifras más bien pobres teniendo en cuenta que los porcentajes no deben sumarse, pues una misma persona puede tener pericia en el uso de ambos.
Retrato del perfecto bilingüe
Así las cosas, nos encontramos con una brecha generacional que provoca que, a partir de los 45 años, el español de a pie sepa poco más que diferenciar, por la cuenta que le trae, entre on y off, aunque si nos adentramos en la edad de la jubilación el conocimiento del francés es mayor. Para restañar esa carencia, un 6% de la población adulta (entre un 1% y un 3% de los mayores de 55) está aprendiendo en la actualidad inglés, francés y alemán.
También nos cuesta, más allá de lo que dicta el carné de identidad, aprender inglés, como reconocen seis de cada diez personas. De ellas, la mayoría (68%) lo aprendieron en colegios e institutos, aunque tres de cada diez jubilados hablan francés por sus estancias en el extranjero, cosas de la emigración y el exilio. Quien ha podido invertir en su formación, habla lógicamente más y mejor. Yel lugar de origen tampoco es un factor baladí.
Si nos atenemos a la estadística, nacer en Castilla-La Mancha, Andalucía, Cantabria, Asturias o Extremadura es una faena a la hora de practicar idiomas, ya que tres o cuatro de cada diez ciudadanos habla una lengua extranjera. En cambio, los oriundos de regiones más ricas tienen mayor fluidez y apenas tres de cada diez catalanes o baleares no habla ningún idioma.
Curiosamente, la tercera comunidad que mejor domina otros idiomas es Madrid, pero a distancia de las anteriores (42,3% de sus habitantes), por lo que habría que tener en cuenta cómo interpretan sus paisanos la pregunta y si consideran que el español, por ejemplo, es una lengua extranjera.
Lo mismo podría ocurrir con los gallegos (el 52,6% habla un idioma foráneo), aunque aquí pesa sin duda su condición de trotamundos, acostumbrados a bregar con alemanes, italianos, ingleses, suizos o italianos durante los años de la emigración.




