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ADN.es / Ciudadanos

Viernes, 20 de noviembre de 2009. Actualizado a las 21:43h | : el tiempo en

Retrato robot del putero en España

Uno de cada cuatro hombres ha pagado por sexo | Las asociaciones de apoyo a prostitutas trazan un perfil heterogéneo: jóvenes y maduros, universitarios e iletrados, solteros y casados... Ningún hombre se libra | Prostitutas brasileñas | Las rutas de la prostitución

  • Henrique Mariño
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  • Madrid | 10/10/2008 | comentarios | Votar
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El retrato del putero se esboza apenas con un trazo por un simple motivo: no hay un perfil definido. Eso es lo que opinan las asociaciones que trabajan con prostitutas, acostumbradas a satisfacer los deseos carnales de viejos e impúberes, iletrados y universitarios, solteros y divorciados, y así hasta la combinación última. Uno de cada cuatro hombres, según un estudio de la Universidad Carlos III, paga por mantener relaciones sexuales.

"No hay un perfil, pero sí hay personas con carencias del sentido ético a las que no les importan las mujeres", explica Silvia Pérez, coordinadora de la asociación viguesa Alecrín. A pesar de que el estudio de la Carlos III muestra a un hombre mayor, nacido fuera de España, no casado, con nivel educativo bajo y religioso practicante, Pérez discrepa y cree que, en Galicia, la mayor parte de los puteros son "casados y con pareja estable, aunque cada vez hay más jóvenes solteros".

Sara, que ejerció la prostitución durante 15 años y ahora presta asistencia a prostitutas, cree que ha habido un cambio en el perfil de cliente en los últimos años. "Antes, veía a hombres mayores y casados. Sin embargo, ahora veo a gente cada vez muchísimo más joven. Es sorprendente que haya críos de 16 años que recurren a la prostitución en pleno siglo XXI. No sé a qué se debe, pero responde a una filosofía de compro, pago, uso y tiro, como si fueses un kleenex".

Por ello, la asociación con la que colabora decidió impartir charlas en institutos para tratar sensibilizar a los alumnos sobre esta problemática. "Hay niños que juntan sus pagas semanales y se turnan para follar el fin de semana", revela Sara.

"Es algo horrible y a la vez triste. Son unos críos y conocen mejor a las chicas que nosotras mismas. Pero claro, como hay una doble moral muy grande, ellas son simplemente unas putas".

Chema Atienza, técnico de proyectos de Médicos del Mundo, considera que "la cultura del prostíbulo está muy arraigada en los sitios pequeños, donde hay poco que hacer, la oferta de ocio es limitada, la ciudad está a decenas de kilómetros y la imaginación es escasa".

"En las zonas rurales el puticlub es la única diversión", apunta una experta en trata de personas con fines de explotación sexual (entrevista completa). "Los hombres van allí no sólo a tener relaciones sexuales, sino también a tomarse una copa, de manera que funciona como un lugar de vínculo donde se relacionan con las prostitutas y hasta se terminan gustando", añade la fuente, quien deja claro que para el cliente, "un hombre normal", se trata de un "contrato de prestación social", por lo que no suele preocuparse por las chicas.

¿Por qué entonces un varón lozano y atractivo que podría acostarse con una mujer sin necesidad de pagar recurre a la prostitución? "Bueno, hay chicos que nos dicen que se excitan sólo por saber que, con la billetera en mano, van a mantener relaciones sexuales con quien quieren, como quieren y cuando quieren. Poder imponer su criterio es una estrategia de erotización y para ellos la prostitución tiene un morbo añadido", concluye la coordinadora de Alecrín.

"Así, las prostitutas asumen un rol en función de las expectativas de un cliente: máquina sexual, psicóloga, cuidadora... Hay quien paga sólo por hablar, para que le acompañen a una cena y cosas así", continúa Pérez. "Pero también hay clientes que exorcizan todos los males atribuidos a una mujer en la prostituta y otros que no se preocupan por su situación y lo único que les importa es que no tenga muchos moratones: a mí, luego, su cantinela me da igual, te dicen".

La prostituta sería vista como una mujer degradada, continúa Pérez. "Los clientes las tratan con desprecio e incluso no las ven como mujeres, sino como otras mujeres. Hay incluso quien ha tenido relaciones con chicas fuera del club, pero nunca llegaron a ser consideradas como novias porque no se las presentaban a la familia y nunca se integraron".

Las prostitutas que consiguen salir del mundo de la prostitución y se van con un cliente tampoco lo tienen fácil. Los conflictos son frecuentes: "Hay chavales que creen que siguen siendo su prostituta particular y tienen que follar cuando ellos quieren. En ese sentido, pretenden seguir siendo dominantes", relata Pérez.

La hermana Cleo Rodríguez, coordinadora de la asociación compostelana Vagalume, habla de "relaciones asimétricas" y reitera que "no hay un perfil" de cliente. "Todos van a los clubes: desde gente joven preparada hasta solterones de aldea cincuentones".

Son precisamente los clientes más talluditos los que se resisten a usar preservativo, según el estudio realizado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III, que ha sido publicado en Sex Transm Infect. El 95% asegura, sin embargo, haberse puesto la goma en su último encuentro pagado. "Muchos conflictos surgen por las peticiones de los clientes, que no quiere sexo sin condón", recuerda Pérez.

"Los jóvenes entienden la prostitución como una forma de ocio más", dice Ramón Esteso, responsable de la unidad de inclusión social de Médicos del Mundo. Definir a quienes frecuentan clubes, pisos y esquinas es complicado, según él, porque no hay un cliente tipo, aunque la visión que tiene de él la sociedad no es particularmente negativa. "Si unos chavales van a una despedida de soltero y terminan en un club, le puede parecer mejor o peor a quien lo escuche, incluso a las mujeres, pero en el fondo no está mal visto".

Eso, aunque algunas mujeres sean víctimas de la trata de mujeres con fines de explotación sexual y estén obligadas a prostituirse. "Muy poca gente es consciente de que existe ese problema. No es capaz de verlo, aunque esté en contacto con ellas, por lo que no se dan cuenta de que están delante de una víctima", denuncia Marta González, coordinadora del Proyecto Esperanza en Madrid.

Carretera, copa y, si se tercia, un servicio. "Pero habría que explicar antes a los clientes que hay mujeres que están siendo explotadas en contra de su voluntad", continúa González. En Alemania, por ejemplo, se han organizado campañas "para decirle al cliente que se lo piense dos veces y que denuncie si la mujer pide ayuda o cree que está en peligro. En España vamos con mucho retraso a la hora de dar una respuesta institucional integral y coherente a este problema tan complejo", sentencia la coordinadora del programa de la Congregación de Religiosas Adoratrices.

Somos más puteros que en Alemania, Grecia, Australia y Gran Bretaña. Según el citado estudio, uno de cada cuatro hombres encuestados, de 18 a 49 años y residentes en nuestro país, ha recurrido a los servicios de una prostituta alguna vez en su vida, mientras que la cifra de hombres que pagaron por tener sexo en el último año baja al 6%.

En piso, en club o en la calle; de lujo o dispuestas a abrirse de piernas por un puñado de euros, el perfil de las mujeres que ejercen la prostitución ha cambiado, según Esteso. "Hemos pasado de trabajar con españolas toxicómanas a hacerlo con inmigrantes, que suponen un 90% de las mujeres que atendemos. Pero eso no importa, porque hay clientes para todo", deja claro el responsable de Médicos del Mundo, quien no se olvida de los clientes que recurren a transexuales. "Normalmente, los clientes son heterosexuales que quieren satisfacer sus fantasías. Y son pasivos". 

Todas ellas se exponen a vejaciones, según la portavoz de Alecrín, que denuncia los malos tratos a los que son sometidas las mujeres por parte de los clientes. "Es una relación muy mercantilista. Hay jóvenes que creen que por diez euros pueden darle hostias a una chica y hacer con ella todo lo que se le pase por la cabeza para satisfacer sus fantasías pornográficas, incluida la violencia física".

Los jóvenes, dice, se sienten impunes porque saben que lo que pase en el club no va a trascender. "Recuerdo a una chica que fue violada por un cliente durante unha hora y media. Puso el volumen de la música alto y nadie se enteró. Cuando bajó, el proxeneta simplemente le dijo que no volviese por el local en un tiempo", relata Silvia Pérez, quien insiste en la dureza que supone ejercer la prostitución. "Hay clientes que antes de entrar en la habitación piden plato, cuchillo y tenedor".

Fotografías: Guillem Valle / Policía

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