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ADN.es / Ciudadanos

Martes, 14 de febrero de 2012. Actualizado a las 07:34h | : el tiempo en

Tu fiesta es mi pesadilla

El mundanal ruido también se cuela en los núcleos rurales: es el caso de algunos pueblos gallegos que multiplican su población durante la movida nocturna del fin de semana

Zona de copas en Santa Comba

Kinkypixel (Flickr)

Una leyenda rural dice que en Santa Comba hay más tablaos flamencos que en Córdoba. La historia cobra sentido si tenemos en cuenta que la localidad coruñesa, cuyo casco urbano está poblado por tan sólo 3.000 almas, triplica su población los sábados por la noche, cuando miles de jóvenes de los alrededores se acercan a tomarse un trago.

La oferta de ocio nocturno es ingente: del Ceca al Meca, 48 bares de copas (sin contar restaurantes, bares de tapas o cafeterías, hasta sumar un total de 250 establecimientos hosteleros) abren sus puertas hasta altas horas de la madrugada. Para acoger a esos 6.000 forasteros ávidos de un lingotazo y a la juventud local, la calle Galicia, donde se concentran la mayor parte de los garitos.

En ellos, ni rastro de guitarras, cajones o batas de lunares. Obviamente, en Santa Comba no hay un solo tablao, pero la licencia correspondiente (o la de café-teatro, café-concierto o café-cantante) permite a los pubs dilatar su cierre. La actividad (humana, pero también económica, pues el ayuntamiento vive sobre todo de la agricultura, la ganadería y el ocio nocturno) la sufren los pacientes vecinos. O no tanto.

"La gente del pueblo no quiere que la movida desaparezca y por eso consiente los ruidos", comentan desde el Concello. La explicación es que, además de los beneficios que genera en la villa el negocio de la noche, muchos de los directamente afectados son propietarios de los bajos, por lo que no están dispuestos a renunciar a un ingreso fijo cada mes. Son conscientes, por otra parte, de que el cierre de los bares a una hora más temprana haría huir a la clientela a otros pueblos limítrofes.

Pueblos con doble vida

Galicia es geográficamente dispersa y buena parte de su población se ve obligada a subirse a un coche para disfrutar de una noche regada en alcohol. Pero quien tiene la marcha en su lugar de residencia también opta en ocasiones por variar y visitar esas zonas de copas, sin importarles los kilómetros de distancia, como hacían sus padres en los ochenta cuando acudían a las salas de fiestas plantadas en medio del monte. Ordes o Ponteceso son otros ejemplos de villas que crecen el viernes para menguar el domingo.

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Todas ellas son auténticas mecas nocturnas y tienen una doble vida: durante la semana, su carácter es eminentemente rural, pero al llegar el viernes se visten de largo y multitud. Carballo es más urbana, industrial y populosa que las anteriores, pero congrega a una parroquia nutrida y ha sido escenario de un caso que refleja los problemas del ruido asociado al ocio.

En 2007, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia condenó al ayuntamiento a indemnizar con 18.534 euros a un vecino por daños y perjuicios a causa de la contaminación acústica de diversos locales de la calle Estrella. En cuatro años, el afectado presentó 65 denuncias y al final logró salirse con la suya.

Los jueces consideraron que la administración municipal no sólo había vulnerado las obligaciones que en materia de contaminación acústica impone la Ley del Parlamento de Galicia 7/1997, sino que también había mostrado "un incontestable y absoluto desprecio de los derechos fundamentales a la intimidad personal y familiar, a la inviolabilidad del domicilio y a la integridad física y moral".

"Ni protesto ni denuncio"

Como en los pueblos anteriores, la movida carballesa se concentra en una zona concreta, la calle de la Estrella y aledaños, donde buena parte de los sótanos son ocupados por bares de copas. "Llevo sufriendo el volumen alto y las vibraciones desde hace años, pero como me llevo bien con la familia que alquila el bajo, ni protesto ni denuncio", se queja una vecina.

José Manuel García Guillín, concejal de Promoción Económica, asegura en cambio que "los problemas de ruido se subsanaron con la implicación de los hosteleros y la mejora de las condiciones de los locales, incluida su insonorización". La solución a los sufrimientos de los afectados, en muchas ocasiones, pasaría por trasladar las zonas de copas a la periferia, algo que tiene sentido en una ciudad, pero que dejaría los centros de las villas despoblados.

"Pretendemos que, en la medida de lo posible, la actividad se concentre en el casco urbano, siempre que sea compatible con el bienestar del resto de los ciudadanos. El ocio nocturno es un sector importante y deja riqueza en el ayuntamiento", explica Guillín, que considera que los beneficios de la movida repercuten en la restauración, así como en otros sectores.

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