El boom de la bici pública no cesa. Barcelona le ha dado fama con el Bicing y su apuesta por poner en sus calles hasta 6.000 bicicletas durante los próximos meses, pero hay muhcas otras poblaciones, de todos los tamaños y rincones de la península (ver mapa), que también se están apuntando a un movimiento en auge en toda Europa.
Además de Sevilla -que, como Barcelona, apuesta a lo grande y prevé ofrecer hasta 1.500 vehículos a sus ciudadanos mediante el Sevici- también Burgos, Albacete, Gijón, Córdoba, Valladolid, Ferrol, Pamplona y así hasta un total de 24 poblaciones han implantado (muchas en los últimos meses o incluso semanas) este innovador sistema (ver vídeo explicativo) que permite que los habitantes se desplacen sin contaminar, sin colapsar la ciudad, sin hacer ruido y, lo más importante, disfrutando de su ciudad de un modo saludable.
Y el fenómeno va a más. Muchas otrsa ciudades ya tienen planes concretos para poner en marcha sistemas de préstamo de bicis en sus ciudades.
Entre las grances urbes españolas, Valencia ha planteado la posibilidad de poner hasta 700 bicicletas en sus calles. Entre las medianas y pequeñas hay gran cantidad de proyectos (la web Circular en Bici hace un exhaustivo seguimiento de todas ellas).
La fórmula del éxito, inventada en la ciudad francesa de Lyon, es bien sencilla: lugares de estacionamiento y recogida automatizados y repartidos en puntos estratégicos de la ciudad; el préstamo es gratuito o simbólico; y el tiempo de uso de la bicicleta, limitado.
Con este sistema se consigue que los vecinos incorporen el uso de la bicicleta a su rutina diaria y que la rotación de los vehículos sea constante. En Barcelona, cada bicicleta realiza un promedio de entre 12 y 13 trayectos diarios y el uso que se hace del Bicing es muy superior entre semana -en la mayoría de los casos se utiliza para ir a trabajar- que durante los fines de semana.
Esto demuestra que los 90.000 barceloneses que ya son socios del Bicing han asumido este sistema como lo que es, una nueva forma de transporte público que -como ya está haciendo en París, donde antes de fin de año habrá más de 20.000 bicicletas repartidas en casi 1.500 estaciones- podría cambiar el aspecto de muchas ciudades del siglo XXI.




