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ADN.es / Ciudadanos

Viernes, 20 de noviembre de 2009. Actualizado a las 21:43h | : el tiempo en

'Tetada' en el Museo del Prado

Una veintena de madres desafía a los vigilantes de la pinacoteca y da el pecho a sus hijos en la misma sala de la que echaron a Cindy Piccard y su bebé hace unas semanas

  • Antonio Martínez
  • ,
  • Madrid | 23/09/2007 | comentarios | Votar
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Los vigilantes del Museo del Prado no daban crédito a sus ojos. Eran las 12 del mediodía cuando la sala 16B, que alberga La maja desnuda, ha comenzado a llenarse de madres que daban el pecho a sus hijos. Al principio un vigilante, luego dos, tres... hasta el propio jefe de seguridad del Museo ha acudido a contemplar la escena. Pero esta vez no ha habido ni un solo reproche.

Cada una de estas madres ha acudido hasta aquí para solidarizarse con Cindy Piccard, una joven a la que el pasado mes de agosto un vigilante invitó a marcharse por considerar que dar de mamar a su pequeño era una conducta inadecuada. Días después, el museo achacó lo sucedido a una "reacción individual" y quiso dejar claro que no había "ninguna instrucción al respecto".

El hecho de que a Cindy le explicaran por teléfono que su comportamiento podía "molestar a otros visitantes" fue lo que despertó la indignación de otras madres. "Dar el pecho no es ningún delito -explica Charo mientras amamanta al pequeño Yago - La maternidad no puede seguir siendo un tabú para la sociedad".

Carlos, quien ha acudido con su mujer y sus tres hijas tras leer el asunto en un foro, cree que "el caso de Cindy es un desastre" y por eso ha venido hasta aquí. "La gente tiene que entender que dar el pecho a un bebé no tiene nada que ver con exhibirse", dice.

El término "tetada" es empleado por las asociaciones pro-lactancia para denominar a las reuniones por el derecho a amamantar en público. El caso de Cindy ha despertado tal interés en internet que el intercambio de opiniones ha desembocado en una protesta espontánea.

Escasas molestias

La mayoría de las personas que pasan alrededor de las madres no consideran molesto el hecho de ver amamantar a un niño. Andrés y Nara, de Colombia, lo tienen por algo "de lo más natural" y "para nada escandaloso"; Eduardo y Rodrigo, de Argentina, creen que se trata de "lo más normal del mundo" y explican que en Buenos Aires no llama la atención de nadie. Javier y Nuria, de Santiago de Compostela, no lo consideran molesto, aunque reconocen que nunca lo harían en público. Sólo una pareja de franceses, los Iline, creen que este comportamiento "no es bonito en público" y que "debería estar prohibido".

Casi todas las madres reconocen no haber tenido problemas para dar de mamar a sus bebés en público. Las circunstancias les han llevado a hacerlo en la playa, en el interior de un avión y hasta en los pasillos de Carrefour. Ahora podrán añadir a la lista el Museo del Prado.

Testigo de los hechos, un cuadro de Murillo situado a la entrada de la sala en el que se ilustra el "momento en que la Virgen se aparece milagrosamente a San Bernardo para ofrecerle su leche". En el lienzo, un generoso chorro de leche sale desde el pecho de la Virgen hasta la boca del santo.

Cambio de planes

Desde primera hora de la mañana los servicios de seguridad del museo estaban sobre alerta. En la entrada, a muchas de las mujeres les han explicado que si deseaban dar de comer a sus bebés debían acudir a la cafetería. A un grupo de madres que llegaban juntas, un par de vigilantes les han seguido disimuladamente hasta llegar a la sala. Una vez allí, el número de vigilantes ha ido aumentando hasta personarse el propio jefe de seguridad del Museo que, a la vista de las dimensiones que cobraba el acontecimiento, terminaba por quitar hierro al asunto.

Pese a las palabras del jefe de seguridad, la incomodidad de los vigilantes ha sido más que notable durante varios minutos. Uno de de ellos, algo alterado por la situación, comentaba que algunos visitantes habían preguntado si aquello era "una guardería". Óscar, pareja de Cindy y uno de los padres que se encontraba en la sala, se quejaba de que los vigilantes estaban "más pendientes de los bebés que de la seguridad de los cuadros".

Preguntado por la posibilidad de ofrecer un biberón, el jefe de seguridad ha afirmado que tampoco hay ninguna clase de problema. "Si el niño tiene hambre -dice- los padres pueden darle de comer perfectamente en cualquier sala".

Sin embargo, unos minutos después, a Luis y Mara, un matrimonio de Girona, un trabajador del museo les ha dicho que no podían entrar con el biberón lleno de agua en las salas, porque iba "contra las normas".

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