De Chicago a Los Ángeles, tomando un ligero desvío por la calle Verdi de Barcelona, se puede disfrutar estos días de la mítica Ruta 66 que durante décadas unió el Este y el Oeste de Estados Unidos. Sólo hace falta dejarse llevar por la nostalgia y contar con un poco de imaginación para transportarse a la América de los grandes sueños.
El viaje se hace a través de uno de las vías decoradas para las fiestas del barrio barcelonés de Gràcia . Los vecinos han utilizado 100 neumáticos, 150 pantalones vaqueros, 50 frontales de coches desguazados, un centenar de botellas de vidrio, 15 motos viejas y un Peugeot 404 que han desmantelado para crear con su carrocería un coche nuevo. Todo esto además de cientos de periódicos, kilos de pintura y alambre.
Gràcia lleva casi dos siglos convirtiendo sus calles en mundos paralelos para su Fiesta Mayor. Los vecinos decoran paredes y crean techos artificiales utilizando materiales reciclados y reinventando objetos de la vida cotidiana. Un jurado decide después quién se llevará el premio por al mejor trabajo.
Afluencia masiva
Durante los siete días que duran los festejos, más de un millón de personas se pasean por este rincón de Barcelona para admirar estas obras de arte efímeras. "Aquí también hay grandes creadores de arte moderno, aunque no tienen expuestas sus obras en los museos", dice Josep Maria Contel, vocal de la Federació de la Festa Major de Gràcia e historiador del barrio.
El pequeño grupo de personas que suele trabajar en la decoración funciona como un engranaje de piezas. Sergi Font, presidente de la calle Verdi (en el tramo entre Robí y Providència), explica que en el mes de septiembre se concibe la idea y a partir de noviembre se empiezan a trabajar los materiales y las estructuras. Desde entonces, seis personas dedican unas cinco horas cada día, hasta que a partir de abril se les suman otras ocho o nueve. "Es imposible saber cuánto tiempo se invierte en total", dice Sergi.
Estos vecinos entregados a la tradición tienen sus empleos y sus vidas, pero dedican gran parte de su tiempo libre a la fiesta mayor. Es por eso que son sobre todo las mujeres jubiladas las que más horas dedican.
Dos días antes del inicio de las fiestas, Marta Andrés, de 67 años, hacía pequeños cortes en tubos de plástico con una paciencia de costurera en la calle Joan Blanques.
"Cada año nos hacen los decorados más difíciles", se quejaba con una sonrisa. Pasaba así su tarde de agosto, junto con otras abuelas de entre 70 y 86 añosque se apuntan cada día a las manualidades alrededor de una mesa situada en medio de la calzada.
Trabajo laborioso
Ellas suelen hacer el trabajo que requiere más paciencia -el más mecánico y también el más pesado- pero uno de los más importantes ya que los elementos que elaboran suelen ser la base del decorado.
Este año, los vecinos de Joan Blanques han escogido Cremant el núvols (Quemando las nubes), una de las canciones del último álbum de Joan Manel Serrat, como tema para la decoración. Han cubierto toda la calle con un cielo artificial de 450 nubes pequeñas que van cambiando su color conforme se acercan al sol, situado en el centro. En la entrada, otras 50 nubes de mayor tamaño. Sólo para cada una de las 500 nubes, se han necesitado unas dos horas.
Este año han utilizado papel de seda preferentemente (más de 20.000 hojas), más de cien escurrideras de ensalada, kilos de silicona, miles de metros de rafia y centenares de metros de alambre (han perdido la cuenta), sin olvidar los más de 200 fluorescentes y las más de 300 bombillas.
Enlaces recomendados
A diferencia de otras calles, Joan Blanques (entre Encarnació i Congost) hace años que se distingue por su iluminación. "Nos permite dan unos matices al decorado que los focos grandes [de la calle] no dan", dice Glòria Estruch, la presidenta de la asociación de vecinos de esta vía.
Experiencia y errores
No son iluminadores profesionales, ni diseñadores de decorados, ni arquitectos. El resultado espectacular del trabajo de los vecinos de Gràcia se debe a "muchos años de experiencia y de errores, y muchos años explotando a la gente que conoces", dice Gloria, quien explica que también es fundamental contar con el consejo de profesionales sobre los materiales que se pueden utilizar o el peso que puede aguantar una estructura de techo determinada.
Durante los días previos a la fiesta, las calles se convierten en una extensión de las salas de estar de los vecinos, y los talleres en los que trabajan en invierno se vuelven descapotables. Hay andamios y escaleras por todas partes y el trabajo es frenético. Se huele la ilusión por la fiesta en todos lados.
En 1997 la Fiesta Mayor de Gracia recibió la distinción de "Fiesta Tradicional de Interés Nacional" que otorga la Generalitat de Catalunya, no sólo por la originalidad de la decoración de sus calles, sino también porque su oferta lúdica y cultural tiene tanta variedad como calidad.
"Ofrecemos un tipo de cultura que es coherente con nuestra forma de pensar", dice Contel, quien asegura que no invitarían nunca a artistas como Chenoa ("con todos nuestros respetos") porque no les gusta "la fiesta hecha a golpe de talonario".
Para todos los gustos
Este año hay actuaciones de grupos de jazz, rock, folk catalán, rumba , pero también conciertos más tradicionales como la zarzuela o las habaneras. Entre el resto de actividades hay bailes con orquesta, proyección de películas al aire libre, concursos (de literatura, de fotografía, de cocina y hasta de pintura rápida), comidas de hermandad...
Y todo también organizado por los propios vecinos. "Aquí las administraciones tienen un papel simbólico", señala Contel.
Aunque sólo la ilusión de algunos no aguantará la tradición con el paso de los años, dicen los más pesimistas. Algunos ya avisan que la falta de recursos económicos y el cambio generacional en el barrio puede acabar con la Fiesta Mayor de Gràcia.
Por el momento, y mientras la cosa dure, ellos lo disfrutan al máximo. Esta mañana, entre las 8.00 y las 10.00 horas, las tracas de petardos resonaban en todo el barrio. Es la forma que los vecinos tienen de celebrar que han acabado la decoración de sus calles y dar la bienvenida a la 190º edición de la fiesta barcelonesa con más gracia.




