El Gobierno chino recisará a partir de ahora todas las reencarnaciones de budas vivientes del budismo tibetano. Las que no se aprueben serán consideradas ilegales o invalidas, anunció hoy la Administración Central de Asuntos Religiosos.
La normativa entrará en vigor a partir del 1 de septiembre y está formada por 14 artículos, que incluyen las condiciones de aprobación, los deberes y responsabilidades de los grupos religiosos de reencarnación, así como los castigos para aquellos que la violen.
Los templos que soliciten la reencarnación del buda viviente deben ser lugares registrados legalmente para actividades relacionadas con el turismo tibetano y deben ser capaces de ofrecer apoyo al buda viviente, añade la nueva regulación.
Todas las solicitudes deberán ser enviadas al departamento de asuntos religiosos de cada provincia, al propio Gobierno provincial, a la Administración Estatal de Asuntos Religiosos y al Consejo de Estado (Ejecutivo), para la aprobación de acuerdo con la influencia del buda viviente en su círculo religioso.
El Tíbet es una región autónoma administrativa bajo el mando de Pekín desde la dinastía Yuan (1279-1368), época en la que el título de buda viviente era dado a líderes religiosos de la zona. Desde entonces, la gente llama budas vivientes a algunos monjes eminentes.
La Administración Estatal de Asuntos Religiosos señaló que la regulación "favorece la garantía de las actividades religiosas del budismo tibetano y protege las creencias de sus fieles según la ley".




