Pocos minutos antes de las 11 de la mañana del lunes 23 de julio, la caída de un cable de alta tensión en la central de Collblanc desataba el caos en Barcelona. Más de 300.000 abonados se quedaron de repente sin luz y los semáforos dejaron de funcionar. Hubo gente que se quedó atrapada en ascensores, hospitales que se quedaron sin electricidad a media intervención quirúrgica y tremendos atascos en las principales vías de la ciudad.
La caída del cable, responsabilidad de Red Eléctrica Española, provocó daños en las subestaciones eléctricas de Sants, Les Corts, Urgell y paseo Maragall. Los bomberos tuvieron que acudir a apagar varios fuegos en las estaciones, el más espectacular de ellos en la subestación de Maragall, de donde salía una densa columna de humo negro.
A primera hora de la tarde, Fecsa-Endesa trabajaba contrarreloj para recuperar el suministro instalando grupos electrógenos en los "puntos críticos" de la ciudad. El Ayuntamiento ya había activado el plan de emergencias y las autoridades alertaban de que la avería era "muy grave" y que podría tardar algunos días en solucionarse. A esas horas, y gracias a la recuperación de algunas subestaciones, los afectados por el apagón se habían reducido a poco menos de la mitad, unos 130.000 abonados.
La primera noche
A las ocho y media de la tarde, el 60% de los semáforos de la ciudad seguían sin funcionar. Agentes de la Guardia Urbana continuaban dirigiendo el tráfico en los cruces más conflictivos para evitar accidentes. Se acercaba la noche, y otra de las preocupaciones de las autoridades fue garantizar la seguridad en las zonas que se habían quedado a oscuras. 500 efectivos de la Guardia Urbana y 300 mossos d'Esquadra se encargaron de vigilar que no se produjeran robos aprovechando que las alarmas no funcionaban.

A pesar de no tener luz, este bar de Gràcia decidió abrir iluminando el local con decenas de velas. Las bebidas no estaban muy frías "pero al menos se podían beber", explicó el dueño.
J. Flamarich
Por ello, y al grito de "¡queremos luz!", los ciudadanos protestaron esa noche con una sonora cacerolada (ver vídeo). El gran apagón duraba ya más de doce horas, y la gente no entendía cómo era posible que esto sucediera en una gran ciudad como Barcelona. 110.000 personas se fueron esa noche a dormir sin necesidad de apagar antes la lámpara de la mesilla de noche.
Indignación entre los afectados
Al día siguiente, el desconcierto inicial se transformó en indignación entre los que seguían afectados por la falta de suministro. 24 horas después de la avería, 80.000 abonados seguían sin luz y el 20% de los semáforos fuera de servicio. Durante la madrugada del lunes al martes, Red Eléctrica Española (REE) había conseguido reparar los desperfectos de la subestación de Urgell, por lo que se pudo restablecer el suministro a los vecinos de la parte izquierda del distrito del Eixample y de Sant Gervasi, unos 30.000 abonados.
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Los comerciantes de las zonas que seguían sin electricidad empezaban a notar los efectos de la falta de suministro eléctrico. Obviamente, las tiendas más perjudicadas eran las de productos perecederos, aquellas que guardan el género en neveras y cámaras frigoríficas. El gremio de carniceros y charcuteros de Barcelona asegura que las pérdidas en este sector derivadas del apagón serán multimillonarias.
Al mediodía, 70.000 personas seguían a oscuras, y el anuncio de Fecsa-Endesa de que era muy posible que 30.000 abonados tuvieran que pasar otra noche sin luz desató aún más la indignación ciudadana, a la vez que el Ayuntamiento calificaba la situación de "inaceptable e inadmisible". Mientras, el ejército seguía enviando grupos electrógenos a la capital catalana para ayudar a mitigar los efectos del histórico apagón.
Segunda noche a oscuras

Cacerolada de protesta en Barcelona
EFE
El miércoles, más de 48 horas después del desastre, 10.000 abonados seguían sin tener luz. Los vecinos del barrio de Gràcia, uno de los más afectados por el apagón, empezaron a salir de día a la calle para reclamar soluciones. Frases como "esto es un circo", "es una vergüenza", "se están riendo de nosotros", "son unos incompetentes" o "las ganancias no se reinverten en el beneficio de los usuarios" eran constantes entre los manifestantes.
Finalmente, a las 19:45 horas, Fecsa-Endesa daba por "prácticamente normalizada" la situación después de haber conseguido poner en marcha un segundo transformador en la subestación de paseo Maragall, la más afectada por el apagón. De esta manera, los 10.000 abonados que no recibían suministro eléctrico desde hacía casi 60 horas recuperaron finalmente el servicio.




