El 'ataque fétido' de los ecologistas de Sea Shepherd contra el ballenero japonés.
Eric Cheng | Sea Shepherd
Diez botellas de mantequilla podrida y 15 de celulosa de mitrilo y una mezcla de tintas indelebles. Éstas fueron las bombas con las que un buque ecologista de la organización estadounidense Sea Shepherd atacó ayer de forma simbólica a un barco ballenero japonés en aguas australianas de la Antártida, según informó la organización.
El portavoz de la organización ecologista, Peter Hammarstedt, afirmó que ahora el buque nipón Kaiko Maru es un "barco resbaladizo y apestoso". Los tripulantes del Steve Irwin pretendían alejar al ballenero de las aguas territoriales australianas, donde tienen prohibido cazar ballenas. La agencia de noticias Kyodo ha asegurado que nadie resultó herido durante el transcurso de esta protesta, que se prolongó durante alrededor de tres horas.
La tripulación del ballenero describió a los ecologistas del Steve Irwin como "terroristas" y les acusó de amenazarles y de dañar ligeramente el casco del ballenero, aunque nadie resultó herido. "La mantequilla podrida es un ácido butírico tan corrosivo como el zumo de naranja. La cerveza es más ácida", aseguró en cambio el capitán del Sea Sheperd, Paul Watson.
Fines 'científicos'
Enlaces recomendados
Australia estudia emprender una acción legal contra la caza de ballenas por parte de Japón
Australia quiere demostrar a Japón que se puede investigar a las ballenas sin matarlas
La caza de ballenas de Japón desciende un 40% por el boicoteo ecologista
Canadá captura el barco insignia de la lucha contra la caza de focas
Ecologistas australianos siguen acosando a los balleneros japoneses que faenan en la Antártida
Japón tiene permiso de la Comisión Ballenera Internacional para cazar ballenas para fines científicos, aunque sus detractores aseguran que la ciencia es empleada como pretexto para capturar a los animales con fines comerciales, una actividad prohibida en 1986.
La flota ballenera japonesa caza anualmente 1.200 ballenas en dos expediciones, aunque este año han reducido su cuota a 935 ejemplares.
Los ecologistas de la ONG estadounidense Sea Shepard ya vivieron un altercado con un ballenero japonés en febrero del año pasado, lo que provocó que Interpol colocara en su lista de personas más buscadas a tres de sus activistas.


