El primer ministro de Australia, Kevin Rudd, ha afirmado hoy en conferencia de prensa que su gobierno mantendrá la presión diplomática sobre Japón para que abandone la caza de ballenas en aguas de la Antártida y ha descartado iniciar acciones legales. Rudd ha apuntado que Japón tiene autorización de la Comisión Ballenera Internacional para cazar ballenas con fines científicos.
El gobernante respondía con esas palabras a la organización ecologista australiana Sea Shepherd, que el miércoles se ofreció a abandonar la persecución que lleva a cabo de los balleneros japoneses si Australia y Nueva Zelanda emprendían acciones legales contra Japón. Cada año, Sea Shepherd suele acosar en alta mar a los pesqueros nipones cuando éstos inician su programa de capturas de cetáceos en aguas del continente helado.
Rudd ha señalado que la Comisión Ballenera Internacional tiene previsto revisar a mediados de 2009 el cupo concedido a Japón. "Estamos implicados en un proceso diplomático para ver, con nuestros amigos en Tokio, si podemos encontrar una forma de solucionar esto", ha explicado el líder laborista.
Sea Shepherd cree que Australia y Nueva Zelanda deberían aprovechar en los tribunales un informe publicado esta semana por el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales (IFAW, por su sigla en inglés), según el cual el derecho internacional permite a estos dos gobiernos detener la caza de ballenas.
El documento, elaborado por un grupo de juristas australianos, mantiene que el Tratado Antártico obliga a examinar el impacto ambiental de cualquier actividad que se realice en sus aguas.
Los balleneros nipones cumplen con la normativa correspondiente a la zona subantártica pero no en aguas de la Antártida, y además realizan operaciones peligrosas, como repostar combustible en alta mar, apuntan los expertos. En 2008, Japón capturó 551 cetáceos del cupo de 900 que tenían asignado por las acciones de los ecologistas.




