La cría se encuentra en perfecto estado.
Budapest Zoo
Un equipo internacional de investigadores alemanes, húngaros y austríacos ha conseguido que se produzca el nacimiento del primer rinoceronte a partir de una inseminación artificial utilizado semen previamente congelado y descongelado.
Los resultados del estudio, que se publican en la revista Theriogenology, se suma a la lista de 30 especies en las que la técnica ha tenido éxito y amplía las posibilidades de supervivencia.
La rinoceronte hembra de 30 años fue inseminada en dos intentos con semen de un rinoceronte blanco del sur, de entre 35 y 36 años, congelado durante unos dos o tres años.
La primera vez la inseminación falló pero la segunda ha dado lugar a un embarazo y a un parto de una cría sana. En el momento de la concepción la hembra estaba en el Zoológico de Budapest y el macho donante en el Zoológico Colchester de Reino Unido.
Las técnicas de inseminación artificial en rinocerontes han mejorado en los últimos años. El primer nacimiento de una cría se produjo en 2007, aunque entonces se empleó semen fresco de un animal del mismo zoológico, lo que limitaba la expansión del uso de la técnica.
Al demostrar que el semen congelado puede descongelarse y utilizarse para inseminar con éxito a una hembra de una localización remota, los investigadores han abierto una nueva vía para la preservación de especies amenazadas.
Aumentar la población de rinocerontes
Las muestras de semen pueden recogerse y conservarse en el caso de poblaciones salvajes o en cautividad para mantener un banco genómico y fortalecer la reproducción en estos grandes herbívoros.
Según explica Robert Hermes, uno de los autores del estudio, "este logro se suma a una corta lista de menos de 30 especies salvajes, la mayoría de ellas vinculadas a especies domésticas en las que la inseminación artificial con semen congelado ha tenido éxito para producir descendencia.
El uso de este tipo de semen alberga un gran potencial como medio de superar la crisis a la que se enfrentan la mayoría de poblaciones de rinocerontes salvajes y en cautividad".
El trabajo ha sido el fruto de la colaboración de científicos del Instituto Leibniz de Investigación Zoológica y de la Vida Salvaje en Berlín (Alemania), el Zoológico de Budapest (Hungría) y la Universidad de Veterinaria de Viena (Austria).





