Primero fueron experimentos aislados, con algas cultivadas al sol de Jerez, justo al lado de una cementera y en superficies de hasta 100 m2. Ahora les sigue una segunda prueba a mayor escala -1.000 metros cuadrados-, en una instalación construida ex profeso para ello.
Y, quizás algún día, una planta de hasta 100 hectáreas que sería capaz de producir 25.000 toneladas de biomasa, que luego se puede convertir en biodiésel, para añadir al pienso para animales... e incluso como ingrediente alimentario convencional.
Ese es el proyecto en el que se han embarcado GreenFuel Technologies (una empresa estadounidense que aporta la tecnología) y Aurantia, compañía española que es el principal inversor del proyecto, como informan ambas en un comunicado.
El objetivo de la segunda fase, que ahora comienza, es demostrar que las emisiones industriales de CO2 de muchas industrias -en este caso, una cementera propiedad de Holcim- y la energía del sol, ambas teóricamente gratuitas, se pueden usar para cultivar algas de forma intensiva.
Y para capturar carbono, principal acusado del cambio climático, en el proceso.




