28 de Febrero de 2010 | Lluís Regàs
Barça y Real Madrid, separados únicamente por dos puntos a falta de 14 jornadas, encaran el desenlace del gran duelo con mejores números que hace un año. Lógico en el equipo blanco, regenerado a golpe de talonario y liderado por un Cristiano Ronaldo formidable, y meritorio en el grupo de Pep Guardiola, fiel a su estilo incluso en las situaciones más adversas.
El sábado, el Madrid fulminó al Tenerife (1-5) y el Barça sufrió ante el Málaga (2-1). Hace sólo una semana, el campeón goleó al Racing (4-0), pero su fútbol, sin ritmo ni intensidad, evidenció importantes déficits. Anteayer, en cambio, rescató el Barça su finura y velocidad. También fue, con Alves, un equipo más profundo. Sólo falló en la ejecución el día que Guardiola agitó al grupo, con Messi actuando por detrás de Ibrahimovic para mejorar las prestaciones de sus estrellas.
El Madrid, mientras, es un equipo electrizante. Vulnerable en la contención, es letal en la definición. Su pegada, con Higuaín como estrella emergente, es más temible incluso que la del Barça, más fiable en defensa, pero con menos brío que el eterno rival.
El próximo fin de semana, Barça y Madrid también juegan el sábado. Los azulgrana, en Almería, en el reencuentro de Guardiola y Lillo. Los blancos, contra el Sevilla en el Bernabéu, donde han ganado todos sus partidos.
El poderío de Barça y Madrid es el mejor reclamo de la sobredimensionada Liga española. De una competición que no puede tapar algunas miserias, como el impresentable campo del Xerez.
lregas@adn.es
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Lluís Regàs
El fútbol, y sobre todo los títulos de Liga del Madrid, marcaron mi infancia y mi adicción barcelonista, tanto como mi devoción por el fútbol inglés. Las Copas de Europa del Liverpool fueron el mejor antídoto para tanta depresión. En los 90, el Barça empezó a ganar, el Arsenal se hizo grande y aquel eterno pesimismo se transformó en un optimismo endémico.
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