Crónica particular de un barcelonista inconforme
09 de Julio de 2008 | Santi Giménez

EFE Barcelona
Es importante tener teorías, aunque sean descabelladas. Particularmente, sostengo que todo lo que pasa en el mundo está explicado ya en las páginas de Moby Dick. El retrato que hace Herman Melville de la humanidad en base a todos los personajes que tripulan el Pequod, con sus obsesiones, sus frustraciones, sus pequeñeces, sus grandezas, su avaricia y sus huídas representan un retrato tan perfecto de lo mal que anda el mundo desde que habían ballenas en el mar, que hasta mi descabellada teoría podría aplicarse al momento que vive el Barça.
Llevado al terreno barcelonista, parece obvio que la tripulación del Pequod se ha dado cuenta de que el capitán Ahab está majareta y que debe de ser relevado porque en su obsesión por perseguir a la ballena blanca les va a enviar a todos al fondo del mar. El otrora carismático Jan es un tipo que se encierra en su camarote, que habla sólo con los elegidos y que con sus actitudes erráticas de amor/odio hacia el leviatán, conduce a la nave a su segura destrucción. La marinería no se resigna a seguir perdiendo arponeros por el camino. El más valioso de todos ellos, que en la novela responde al nombre de Quiqueg, hace tiempo que lo perdimos. A Quiqueg se lo traga el mar y a nuestro arponero jefe dicen que le han visto por las costas de Brasil, pero debido a su tamaño, no sabían si era el arporeno o la ballena de las natillas. Los otros arponeros recelan del capitan y uno de ellos, como pasa en la novela, ha aprovechado que pasaba cerca un barco inglés de capitán ruso para cambiar de bando.
El resto, espera la oportunidad de divisar una costa para amotinarse y ponerse a la órdenes de otro capitán, pero Ahab lleva el barco cada vez más lejos de su objetivo. Más cerca de la destrucción.
Y entonces es cuando aparecen los oficiales palmeros que hasta ahora le han reído todas las gracias a Ahab. Esos directivos, perdón, quería decir oficiales, que cagados en sus pantalones deciden cenar un día con Ahab. En el Majestic, por ejemplo. Y le prometen apoyo. Y él llora y les pide perdón. Y ellos sólo están esperando a que aparezca la ballena para que el cetáceo haga el trabajo por ellos. El combate con la ballena de Llavaneras es brutal, pero Ahab Laporta sobrevive.
Queda maltrecho, pero vivo. Y entonces es cuando los oficiales, al mando del oficial encargado de los números (les prometo que esto también sale en la novela) deciden que hay que cargarse al viejo loco para salvarse ellos. Por lo menos, los oficiales del Pequod tuvieron la decencia de seguir a Ahab hasta el final, pero es que cualquier grumete de Nantucket tiene mucha más vergüenza que todos los que habitan en los palcos y salas de juntas de los campos de fútbol.
es un blog de ADN.es escrito por:
Santi Giménez
Aunque ser un millonario playboy que vive en las Barbados no me vendría mal, me gusta demasiado el fútbol y el periodismo. Pago una hipoteca y mis caprichos gracias al diario Sport y he trabajado con algunos de los mejores periodistas de España. Seguro que disfrutaría más en Barbados, pero me lo paso de muerte con esto, una profesión que me ha permitido seguir al Barça en los últimos 15 años.
Últimas entradas:
Introduce el texto de la imagen.