04 de Noviembre de 2008 | Miqui Otero
"Cuando empiece contigo, ¡vas a gritar como Yma Sumac!". Aunque la reina del canto agudo era su compatriota, esto no lo dijeron los colonizadores españoles cuando torturaron -atándolo por cada extremidad a cuerdas que tiraban caballos- al rebelde Tupac Amaruque en Cuzco, Perú. En realidad, lo decía Tony, las manos retorciendo el cuello de un tipo, en la serie Los Soprano. Porque Yma Sumac, que ha fallecido este fin de semana, era una de esas bellezas exóticas que conquistaron Hollywood y todo el mundo del entretenimiento estadounidense -es la única peruana con nombre inscrito en el Paseo de la fama-.
Toda su figura tenía un aura de leyenda. Para empezar, está acreditada como descendiente directa de Atahualpa, el último de los reyes Incas antes de la toma de Perú por los españoles. De belleza extraña y excesiva, fue la primera soprano en conseguir un registro de voz que abarcara cinco octavos: de los graves que retumban en el suelo hasta unos agudos imposible que harían estallar todas las copas de un banquete.
Nacida en el año 22, pronto la ficharía el ministerio de educación y la internaría en un colegio de muchachas católicas, desde donde iría a parar a la Compañía Peruana de Arte. Pero los dorados cincuenta, cuando Xavier Cugat también ponía su nombre de neón en todos los hoteles y se llevaba el mambo y el chachachá y las lianas en los decorados y los sombreros con frutas en la cabeza, fueron los suyos. Firmó por Capitol y participó en infinidad de pelis con grandes estrellas. Un poco caída en desgracia en los 60, cuando los flequillos y greñas del rock triunfaban, tuvo que buscarse la vida en una gira organizada por el mismísimo Nikita Khruschev, secretario general de la URSS -aquí, un kit kat: dada la afición soviética de Kruschev a dar besos en la boca a los líderes que visitaba, siempre que iba a Cuba la gente le gritaba "Nikita mariquita" y Castro se ponía un puro en la boca cuando lo iba a recibir para no recibir el (demasiado) cortés saludo-.
Después de éxitos como Mambo!, sobrevivió como pudo y tuvo un repunte en los 70 con el álbum Miracles. Por mucho que haya muerto, sus gritos resonarán en tocadiscos, series y romperán copas incluso saliendo de los altavoces. Música de maracas y lianas, cada canción es una aventura sin guión y una conga coreografiada también.
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Miqui Otero
Miqui Otero (Barcelona, 1980) podría tranquilamente haber dedicado toda su vida a escribir en 'fanzines', como hizo desde que se enteró del mecanismo de los teclados, pero el caso es que actualmente dirige la sección de Cultura y Ocio de ADN. Ha sido guionista en el programa 'Silenci' de TV3, redactor de 'El Mundo' y 'La Luna de Metrópolis', además de colaborador en 'Cultura/s' ('La Vanguardia'), 'Fotogramas', 'Go Mag' (y casi todas las revistas gratuitas de Barcelona), aunque donde más aprendió sin duda fue durante los veranos que pasó en 'El Progreso' de Lugo.
También está trabajando en tres libros pendientes de publicación y acaba de comisariar un ciclo musical en La Pedrera, del que saldrá un CD. En sus pocos ratos libres, pincha y organiza el club cinéfilo-musical Our Favourite Club, y gasta en discos, tebeos y libros todo lo que ha ganado trabajando en los sitios que aparecen en esta microbiografía. O sea, sigue como al principio.
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