30 de Octubre de 2008 | ADN.es
La gente surfea más que nunca por las ondas musicales. ¿Te has bajado la caja completa de 98 tomas falsas del Pet Sounds de los Beach Boys con ocho versiones de la misma canción? O: ¿Tienes el nuevo single de Oasis antes de que salga? Todo eso. Pero hay quien en la revolución de la música digital ve una transacción fría, como un intercambio de maletines en un aeropuerto mientras suena el hilo musical (suena El concierto de aranjuez, pongamos, o El cóndor pasa, o, no sé, Hotel California).
El caso es que algunos echan en falta el formato de álbum. Con su portada a tamaño vinilo (una vez dijo Paul Weller, no se sabe si por epatar o no, que le parecía tan artística una portada de los Small Faces como un Picasso), con su lista de canciones, con los músicos que han participado, incluso -sí, porque eso era importante- con las letras de esas canciones.
El intercambio de música digital es más abundante. La diferencia entre regalar un álbum -incluso grabárselo a alguien- o pasarle un link para que lo descargue en rapidshare o megaupload es bastante drástica. Es parecido a felicitar un cumpleaños con una carta o dos besos o dejar un mensaje en el facebook.
Ya explicamos en este blog la cantidad de webs y blogs que potencian cosas como hacer una cinta de música personalizada (aunque sea una mixtape colgada en el ciberespacio). Hay otras, como la que nos ocupa, que tienen una cruzada: salvar el formato de álbum. Este formato, en su momento, despertó suspicacias. A principios de los 60 mucha gente pensó que había matado la inocencia del pop, hasta entonces más adecuado a los singles -una o dos canciones por cara, nada antes y nada después, sin contexto pero mucho más directo-. Para el periodista Nick Cohn el Sgt. Pepper's de los Beatles acabó definitivamente con esa inocencia, pero seguramente ahora él mismo reivindicaría el formato ante la asepsia de la música en internet.
Save The Album es un portal que reivindica el formato de disco como idea. Quizá no aquellos álbumes conceptuales de rock progresivo, pero si los discos con unas cuantas canciones con una coherencia en orden y tono. Desde el portal, se ofrece la oportunidad de comprar álbums enteros en mp3, para que la gente no escuche sólo temas sueltos -hay que incidir en que la descarga ilegal está mucho más generalizada en España que en EE UU, allí la gente compra en, por ejemplo, itunes muchísimo más. Para promocionarlo, ofrece vídeos de algunos músicos hablando de sus discos favoritos con pasión y mimo. Aparece, por ejemplo, gente de Decemberists o de Bloc Party, pero, sin duda, el más gracioso es el de Devendra Banhart, que muestra una selección impagable. Su gusto musical es, sin duda, mucho más atinado que su estética más hippy, camiseta imperio con lamparones incluida.
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Miqui Otero
Miqui Otero (Barcelona, 1980) podría tranquilamente haber dedicado toda su vida a escribir en 'fanzines', como hizo desde que se enteró del mecanismo de los teclados, pero el caso es que actualmente dirige la sección de Cultura y Ocio de ADN. Ha sido guionista en el programa 'Silenci' de TV3, redactor de 'El Mundo' y 'La Luna de Metrópolis', además de colaborador en 'Cultura/s' ('La Vanguardia'), 'Fotogramas', 'Go Mag' (y casi todas las revistas gratuitas de Barcelona), aunque donde más aprendió sin duda fue durante los veranos que pasó en 'El Progreso' de Lugo.
También está trabajando en tres libros pendientes de publicación y acaba de comisariar un ciclo musical en La Pedrera, del que saldrá un CD. En sus pocos ratos libres, pincha y organiza el club cinéfilo-musical Our Favourite Club, y gasta en discos, tebeos y libros todo lo que ha ganado trabajando en los sitios que aparecen en esta microbiografía. O sea, sigue como al principio.
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