08 de Julio de 2008 | Miqui Otero
El título no hace referencia a la escena en un salón de casa de un señor barrigón en camiseta imperio haciendo air guitar en calzoncillos y con una raqueta como único instrumento. La cosa va de estrellas del rock que pasan de los conciertos dinosáuricos en estadios a las fiestas privadas de millonarios en mansiones. Si hace unos años esto se reservaba sobre todo a bandas de tributo que hacían versiones de grandes estrellas, la caída de las ventas de ese formato en vías de extinción que es el CD ha ayudado a que los grandes grupos se quieran forrar aún más recibiendo dinero de grandes empresarios. La tendencia, además, tiene su versión 'indie' en proyectos como Live in the living, una propuesta con cada vez más tirón que usan bandas más pequeñas para dar a conocer sus canciones en salones de casas con un aforo entre 30 y 40 personas. Al principio sólo hacían los holandeses Mist y algunos españoles como La Costa Brava, pero ahora se han animado muchos otros nombres como Evripidis and his tragedies o Russian Red. Ellos, claro, ganan unos cuantos euros, pero los que realmente cobran animaladas son aquellos grupos que tocan para gente de dudosa reputación.
Es el caso de Amy Winehouse, que aunque tiene que suspender grandes conciertos por no tenerse en pie, no dudó en actuar para Louis Vuitton en París o para el millonario Roman Abramovich en Moscú por un millón de libras. De hecho, su amiguito de juergas, el ex novio de Kate Moss Pete Doherty, también hizo lo mismo hace unos meses: actuó por 15.000 libras para un matrimonio de ricachones (por lo visto, curioso, se quedó sobado en su sofá y empezó tarde) y cobró sólo 200 por animar una fiesta de cumpleaños de unos niños (muchos padres no lo habrían querido ni regalado, pero ahí estuvo bien el gesto). Incluso bandas que no pulirían su dinero ni pasándose el resto de sus vidas ocupados las 24 horas en lanzarlo por un váter hacen caso de estas iniciativas: los Stones tocaron en casa de un millonario de Tejas por su 60 cumpleaños y cobraron más de tres millones y medio, mientras que Paul McCartney cantó para un ejecutivo de tele estadounidense por medio. Incluso Sting, ese hombre también conocido por ser amante de la ecología y el Amazonas, cantó para Bill Gates por sólo 250.000 libras. Estrellas que brillaron más en el pasado que en el presente, como Human League o Rick Astley, también se han apuntado al asunto.

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Miqui Otero
Miqui Otero (Barcelona, 1980) podría tranquilamente haber dedicado toda su vida a escribir en 'fanzines', como hizo desde que se enteró del mecanismo de los teclados, pero el caso es que actualmente dirige la sección de Cultura y Ocio de ADN. Ha sido guionista en el programa 'Silenci' de TV3, redactor de 'El Mundo' y 'La Luna de Metrópolis', además de colaborador en 'Cultura/s' ('La Vanguardia'), 'Fotogramas', 'Go Mag' (y casi todas las revistas gratuitas de Barcelona), aunque donde más aprendió sin duda fue durante los veranos que pasó en 'El Progreso' de Lugo.
También está trabajando en tres libros pendientes de publicación y acaba de comisariar un ciclo musical en La Pedrera, del que saldrá un CD. En sus pocos ratos libres, pincha y organiza el club cinéfilo-musical Our Favourite Club, y gasta en discos, tebeos y libros todo lo que ha ganado trabajando en los sitios que aparecen en esta microbiografía. O sea, sigue como al principio.
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