19 de Octubre de 2007 | Pedro Calleja
Muchos cineastas primerizos eligen el género terrorífico o fantástico para estrenarse como directores de cine comercial.
Es un género que permite lucirse haciendo virguerías con la cámara y en la sala de montaje.
Además, funciona bien en taquilla, en DVD y en televisión. Cada año, en todo el mundo civilizado, docenas de realizadores debutan profesionalmente firmando títulos que evocan lugares inhóspitos, objetos diabólicos, palabras malditas o situaciones extremas.
En Francia, por ejemplo, ya van por la segunda oleada de jóvenes promesas del horror cinematográfico. Después de los Christophe Gans, Jan Kounen, Jeunet y Caro, les ha llegado el turno a gente como Alexandre Aja, Eric Vallette, Fabrice Du Weltz, Xavier Gens, Julien Maury y Alexandre Bustillo.
Estos tres últimos presentaron película en la pasada edición del Festival de Sitges, celebrada del día 4 al 14 de octubre.
Gans, una salvajada ultraviolenta con nazis caníbales y mensaje antifascista titulada Frontière(s); Maury y Bustillo, una enfermiza fábula maternal teñida de sangre y vísceras titulada À l'intérieur. ¿Sus referencias estilísticas? De La matanza de Texas a Mario Bava, y de John Carpenter a El pájaro de las plumas de cristal. Puro cine de barrio para adultos.
En cambio aquí, en España, a los discípulos de Jaume Balagueró sólo les salen películas de terror con niño fantasma y mucho foquito azul. En fin.
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Pedro Calleja
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