30 de Septiembre de 2007 | Elena Cabrera

Elena Cabrera Segovia
Hay una jauría de periodistas apostados en la frontera de Birmania, esperando que suban la barrera y les dejen entrar al país.
Rosa María Calaf debería estar allí, con su mochila y su mechón rosa, haciendo frontera. Un compañero le está cubriendo, por si acaso, para que ella pueda viajar a Segovia a hablar mucho más de lo que cabe en el minuto diez que le dan en el Telediario.
La versión extendida de Calaf es una lección de periodismo que es, en realidad, una clase de Historia. Como enviada de TVE a Asia-Pacífico, recorre su geopolítica de una manera que parece manejable, abordable, pero sin ánimo de simplificar lo que en televisión parece un telefilme. "A nadie le importa lo que realmente le pase a la gente de Birmania" dice en relación a la ausencia de una condena por parte de la ONU, "Birmania importa porque es la cuarta infraestructura de gas del mundo".
¿Quién nos marca la agenda? ¿Quién decide qué es noticia y cuándo lo es? ¿Por qué aceptamos que la realidad es lo que muestra una cámara de televisión y lo que está fuera de foco no es, por tanto, noticia?
En los últimos 8 años, que ella haya notado, se ha reducido trepidantemente los segundos que le permiten intervenir en televisión, "el periodismo es menos pedagógico y más emotivo" y construyó esta metáfora informática: "el software son los periodistas y el hardware es la tecnología y los programas de sábado noche, la inversión se ha llevado al hardware y se ha sustraído del software".
Ayer le recordaron a la Calaf que hace un tiempo definió el expediente de regulación de empleo de Radio Televisión Española como "una malversación de fondos públicos". Se reafirma, sabe que por su posición y su edad (62) ya no tiene nada que perder. "Despedir a los mayores de 50 años es aberrante, hay que equilibrar la fuerza innovadora de los jóvenes con la experiencia de los mayores". Decapitar al ente público mandando a casa a los veteranos era la opción fácil. Lo difícil, lo que no han querido hacer, es ir caso por caso viendo qué profesional vale para ese modelo y quién no vale, explicó la reportera.
Su última misión será en Pekín, durante los Juegos Olímpicos. Le pregunté qué pintaba ella en unos Juegos Olímpicos. "Se ve que no mucho, por eso han tardado dos meses y medio en decidir concederme el visado", dijo entre risas. El enfoque de sus crónicas será aquel que logre reflejar el engranaje social de los JJOO con China. Mucha gente se pregunta cómo han podido conceder unos juegos a un país que anula las libertades civiles y eso es lo que ella quiere observar y narrar. "Hay un extremado control sobre la gente que está entrando, no quieren que se les cuele ninguna ONG ni ningún movimiento activista, no quieren que alguien aparezca en la televisión con un cartel que diga Tibet libre".
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Todo empezó con una partida de póquer en 1987. Peter Florence ganó y decidió invertir su dinero en hacer un festival en el pueblo galés de Hay-on-Wye. 20 años después, el Hay ha llegado a Segovia
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