04 de Junio de 2009 | Begoña Gómez
Cuando el cine de ficción decide adoptar a un modisto o al colectivo "la moda" como protagonista, el resultado suele acabar en desastre.

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Como el arco argumental ya decide situarse lejos de la época que vio el triunfo de Chanel, en la película resulta muy difícil entender si esa chiquilla que se viste de hombre y suelta réplicas bordes para todo el mundo en las fiestas posee verdaderamente algún talento especial y, sobre todo, por qué tiene interés suficiente para que nos interesemos por ella y sus insulsos amores. El filme, además, abusa de un total desprecio por la sinopsis durante todo el metraje, que se hace lento y repetitivo, hasta que llega al final. Entonces va y se monta la sinopsis de todas las sinopsis y en dos minutejos de metraje resume toda la vida y la carrera de Chanel vía greatest hits: la chaqueta de bouclé, el blanco y el negro, las perlas, la camelia...Aún así se echan de menos iconos como los zapatos bicolor y el bolso acolchado 2.55.

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Algo tendrá la moda que resulta pringosa hasta para los buenos directores: ni con su denostado Popeye Robert Altman llegó a patinar tanto como cuando hizo Prêt-à-porter. Bergman no filmó su mejor película en Las modelos, aunque esta apenas pueda calificarse de filme sobre la moda. E incluso los títulos más pintureros, los que queda bien citar y sobre todo, reproducir, por sus fotogramas resultones, como ¿Quién eres tú, Polly Magoo? apenas resisten un visionado más allá del "qué chula esa peluca/pestaña/sandalia". Para charme añejo sí puede recurrirse a pequeñas dosis de Una cara con ángel (fantástica la sosias de Diana Vreeland que transforma a Audrey Hepburn de rata de biblioteca a estandarte chic), Mi desconfiada esposa, de Vincente Minelli, en la que Lauren Bacall es una fashionista cuyo mundo choca con el de su marido, el cronista de boxeo que intrerpreta Gregory Peck. O recurrir a las escenas de Edna Mode en Los Increíbles. Su proceso de creación de los trajes de superhéroes se acerca más a la chispa que se requiere para producir algo memorable que las escenas de Audrey Tatou recortando las chaquetas de tweed de su amante.
Quizá el biopic y el drama son géneros adversos. Quizá sólo el documental (los recientes sobre Valentino, Marc Jacobs, Anna Wintour o Karl Lagerfeld están muy por encima de la media) y la comedia pueden captar el frou-frou absurdo de la moda. Y como no esperamos mucho de Bruno (el Borat de las pasarelas que Sacha Baron Cohen estrenará este verano) habrá que seguir recurriendo a Zoolander, el filme que mejor ha captado a la industria. Practiquen su mirada de acero azul.
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Begoña Gómez
Begoña Gómez (Tarragona, 1980) vive en Barcelona, donde ha trabajado en el diario El Mundo y en ADN desde su fundación. Allí escribe la columna de la contraportada todos los martes y contribuye a las secciones de Cultura y Weekend!. Además, ha colaborado en el programa Silenci! de la televisión catalana y con revistas como Woman, Vanidad, Fotogramas o Cinemanía.
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