24 de Octubre de 2008 | David Beriain
La sangre española tardó en derramarse sólo cuatro meses. La muerte de Amanullah Khan, el señor de la guerra local, abrió la caja de Pandora. Primero en forma de choques entre tribus y entre clanes. Unos 30 muertos. Después en forma de un vacío de poder que los talibanes aprovecharon para comenzar a operar en la zona.
El primer aviso llegó un mes después del asesinato de Amanullah. Fue el 13 de noviembre de 2006. Un suicida lanzó su Toyota Corolla (el coche que tienen el 90% de los afganos que se lo pueden permitir) contra un convoy español en Shindand. Sólo el estallido prematuro de la carga de explosivos salvó a los soldados. Dos heridos leves.
El 21 de febrero de 2007 no hubo final feliz. Otro convoy que transitaba por la zona fue alcanzado por el estallido de una mina anticarro activada a control remoto. El vehículo que los talibanes escogieron de todo el convoy fue un blindado ambulancia que conducía la soldado Idoia Rodríguez Buján. La joven gallega se convirtió en la primera española en caer en acción en una misión internacional.
Españoles, italianos y norteamericanos tomaron buena nota de aquello. La relación con las tribus de Shindand se deterioró, aunque siguió habiendo contactos. Al menos hasta que el infierno se desató definitivamente sobre la zona. En forma de masacre.
La masacre de Zerkho
Para nosotros la historia de la masacre de Zerkuh comenzó el lunes 30 de abril del 2007, cuando el mando norteamericano en Afganistán emitió un comunicado fechado en la base de Bagram en la que se daba cuenta de la ofensiva que las fuerzas especiales de Estados Unidos habían llevado a cabo cerca de Shindand. Era un detallado parte de batalla en la que se narraba su versión de los hechos. Sus fuerzas, aseguraba el comunicado, se vieron envueltas en dos jornadas de combates. La primera el viernes 27, cuando una de sus patrullas sufrió una emboscada en Zerkoh. Ellos respondieron, mataron a 49 afganos y perdieron a un soldado. La segunda el domingo 29, cuando las fuerzas especiales detectaron "movimientos talibanes" en la zona y maniobraron para atacarlos. El combate duró 14 horas y los soldados necesitaron el apoyo de la aviación y de un AC-130 que machacó la zona y acribilló a los que se batían en retirada. Otros 87 muertos.
La ISAF, la misión de la OTAN en Afganistán, no hizo ningún comentario oficial sobre la operación. Había sido una misión exclusivamente norteamericana, como todas las que desarrollan las fuerzas especiales, que no dependen del mando de la OTAN. Algunos representantes de la Alianza dejaron ver entre bambalinas su malestar por una acción unilateral que podría complicar la situación de las fuerzas desplegadas en la zona. Un malestar que aumentaría días después con episodios similares a los de Shindand.
El comunicado norteamericano se cerraba con una cita victoriosa del portavoz norteamericano, el mayor Chris Belcher: "Los talibanes no son rival para las tropas de la coalición y las fuerzas afganas". El párrafo anterior aseguraba que se habían tomado todas las precauciones necesarias para evitar causar daño a inocentes. "No se ha informado de bajas civiles", decía. Mientras nosotros leíamos el comunicado en las calles de Shindand se producía una revuelta. Unos cuatrocientos afganos enfadados por el ataque norteamericano y las bajas civiles que había producido se habían echado a las calles para protestar. Asaltaron la sede del jefe del distrito y la corte de justicia. Las quemaron. "Han matado a un montón de niños y mujeres. No talibanes. Aquí no hay talibanes. Es la gente del pueblo la que lucha contra los norteamericanos porque estos nos atacan", nos dijo por teléfono aquel día Abdul Gafur, uno de los participantes en la protesta.
Las primeras informaciones ponían los pelos de punta... unos 70 civiles muertos.
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David Beriain
David Beriain (Artajona, 1977) ha recorrido durante los últimos seis años los principales conflictos del planeta como enviado especial. Afganistán, Colombia, Darfur, Cachemira y otros destinos siguieron a su primera experiencia durante la invasión estadounidense de Irak. Una aventura que le llevó a pasar 10 días en los campamentos de las FARC, a acompañar a guerrilleros sudaneses, a recorrer los bastiones talibanes, a entrevistar a presos de Guantánamo o visitar mercados de armas clandestinos.
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