16 de Octubre de 2008 | David Beriain
English version. Ver la serie completa de Perdiendo Afganistán.
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Sábado 16 de junio del 2008. Retenidos en Mazar e Sharif
La policía lo niega, pero lo cierto es que estamos detenidos. Quizás “retenidos” fuera más preciso. De cualquier manera hace ya dos días que los agentes afganos nos pasean de un lado a otro de Afganistán en sus patrulleros, sin posibilidad de movernos con libertad, ni salir de los lugares donde nos hacen dormir. Nada.
Las autoridades se pasan la patata caliente de unos a otros. Desde que la policía nos sacara de Gormach cuando estábamos a punto de vernos con los talibanes (con el visto bueno de las autoridades locales), nadie nos consigue explicar muy bien el por qué de este vaivén.
Damos con nuestros huesos en el sótano de una comisaría en Mazar i Sharif. Es un cuarto lúgubre con apenas una pequeña ventana casi en el techo que da la calle, justo a la altura del suelo. Hay tres mesas detrás de las que se sientan tres policías con aspectos que van desde el que parece que no ha roto un plato hasta el que parece a punto de remangarse los puños.
- Yo a ti te conozco. Te he visto en el alguna parte. Tú no eres español, tú eres afgano-, dice el segundo dirigiéndose a Sergio.
En las próximas horas nos acusan de ser espías, de ser islamistas, de todo. Llamamos al Ministerio del Interior afgano y prometen hacerse cargo de la situación, pero un cruce de llamadas parece que complica aún más las cosas.
- Hay alguien que no quiere que contemos lo que pasa en Badghis –susurra Mansoor en un momento, en inglés-. Uno de ellos está diciendo que la orden es no dejar que volvamos por la zona.
- ¿Y si intentamos volver otra vez?
- Entonces a vosotros no sé, pero a mí me meten en la cárcel.
Nos sueltan a las pocas horas. Nuestro primer intento de llegar a los talibanes que están amenazando a los españoles ha fracasado. Estamos en pleno norte afgano y aquí no hacemos nada. Toca intentar el acceso por otra vía. Toca viajar por Herat. Pero para eso hay que volver a Kabul y buscar un avión.
Atascados en Herat
Llevamos ya varios días en Herat, la ciudad donde está la base española más numerosa. El tiempo sólo ha confirmado que estamos en una mala situación. Un afgano ha llamado a otro afgano y este a otro y la orden es que no se nos deje acceder a la zona de ninguna manera. Ni por el norte, por Gormach, ni viajando desde Herat por el sur, por el paso de Sabzak.
No nos va mejor con nuestros contactos con los españoles. Hace casi un mes que enviamos nuestra solicitud para entrevistar a los soldados, para poder tomar algunas imágenes, para visitar la base. No hay respuesta. Y cuando finalmente llega a lo único que nos autorizan es a entrar en la base, dar un paseo subidos en un todoterreno que nos volverá a dejar en la puerta veinte minutos después sin permitirnos hablar con ningún soldado, ni tomar ninguna imagen, ni siquiera entrevistar al encargado de relaciones públicas. “Yo sólo estoy aquí para daros un paseo ‘turístico’. Es a lo único que me han autorizado”, dice el teniente encargado de la prensa.
Pensando en Farah
Mientras esperamos que cambie la suerte en Badghis, que las autoridades afganas se olviden un poco de nosotros y podamos subir a retratar lo que allí pasa con los españoles, nos ponemos a pensar en otros objetivos. Y el primero de ellos es Farah.
Es la provincia más al sur de todas por las que operan las tropas españolas. La más peligrosa. El grueso de la operación está más al norte, en la provincia de Badghis, pero en Herat hay una compañía de soldados que funcionan como fuerza de reacción rápida bajo mando de un general italiano. Patrullan allí donde se les requiere en las cuatro provincias del oeste afgano. Muchas veces por las peores ratoneras.
Esa compañía es la que tiene la misión más peligrosa entre los españoles desplegados en Afganistán. Los cuatro soldados que cayeron en acción pertenecían a esta unidad. Tres de ellos murieron en Farah.
Hemos viajado varias veces a esta provincia en los últimos años. Ya en el 2005 el lugar era de los más peligrosos de Afganistán. Shiwan, la localidad donde cayeron los dos últimos españoles, era un mercado de armas plagado de talibanes donde se podían conseguir hasta misiles antiaéreos portátiles capaces de derribar un avión. Toda una ironía de la historia, porque eran misiles Stinger donados por los norteamericanos a los afganos cuando estos luchaban contra la invasión soviética. Ahora la CIA intenta comprarlos de vuelta, ofreciendo en la zona hasta 200.000 dólares por cada uno. Pero los afganos no se fían y acaban vendiéndoselos a los agentes de inteligencia iraníes que se mueven por la zona como Pedro por su casa. Al menos eso es lo que nos contó la propia policía entonces.
Un año más tarde, en 2006, volvimos a viajar a Farah. La situación había empeorado aún más. Esta vez tuvimos que llevar escolta de policías. Civiles convertidos en primera línea del frente por unos pocos dólares y sin nada de preparación. El jefe de ellos era un hombre bajito y delgado cuyo mérito era ser el respetable dueño de la gasolinera de Fara Road, en aquel tiempo un auténtico infierno de actividad talibán.
-¿Pero usted tenía algún pasado militar? ¿Algún entrenamiento en esto de la guerra?-, le pregunté.
Bueno, yo soy afgano.
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es un blog de ADN.es escrito por:
David Beriain
David Beriain (Artajona, 1977) ha recorrido durante los últimos seis años los principales conflictos del planeta como enviado especial. Afganistán, Colombia, Darfur, Cachemira y otros destinos siguieron a su primera experiencia durante la invasión estadounidense de Irak. Una aventura que le llevó a pasar 10 días en los campamentos de las FARC, a acompañar a guerrilleros sudaneses, a recorrer los bastiones talibanes, a entrevistar a presos de Guantánamo o visitar mercados de armas clandestinos.
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