15 de Octubre de 2008 | David Beriain y Sergio Caro
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Lunes, 16 de junio de 2008. Kabul
"Yo sólo te digo una cosa. Que a vosotros quizás sólo os secuestren. Pero a tu traductor lo van a ejecutar. Los talibanes son así, no te puedes fiar de ellos. Acuérdate del periodista italiano. Negociaron con el europeo y mataron al afgano para presionar al Gobierno italiano. Tú veras."
Las palabras de Farhad Peikar, corresponsal de DPA y viejo amigo, pesan en la noche de Kabul. Hay un silencio hiriente. Nada que añadir. Farhad sabe lo que dice, es un periodista experimentado. Y un afgano. Mansoor, nuestro traductor, rumia para sus adentros lo que ha oído. De vuelta en la casa de huéspedes Gandamack, caras largas. Tazas de té en medio de la mesa en el ambiente colonial del hotel. Una colección de armas antiguas y recuerdos del imperio británico jalonan la pared, amasados durante años por el dueño del local, el antiguo cámara de la BBC y de Frontline, Peter Jouvenal. “Bueno, la cosa está mal, pero eso ya lo sabíamos”, concluye Mansoor.
Sólo hace 24 horas que hemos llegado a Afganistán para estos dos meses de investigación en el oeste afgano. Nuestros contactos locales nos han arreglado dos citas con los talibanes. Una en Gormach, al norte de la provincia de Badghis, la zona de responsabilidad española. Otra en Bala Murgab, el auténtico bastión talibán de la provincia. Pero la decisión de dar el paso no está tomada. Hay demasiados antecedentes sangrientos. Pesa el recuerdo de otro amigo, Urs Gehriger, que me contaba en una de las noches que compartimos en Irak cómo los talibanes le habían puesto de rodillas y con la punta del Kalashnikov rozando su nuca, esperando un final que no se produjo porque alguien medió por él.
Al final nos inclinamos por seguir el último consejo que nos ha dado Farhad antes de irse: “Si lo queréis hacer, hacedlo en un sitio urbano, a la vista de gente. Pedid garantías a la shura (el consejo local), si os pasara algo ellos serían responsables, así que intentarán protegeros al máximo. Eso de las garantías aquí en la cultura afgana es importante. Pedid escolta. No os metáis en la boca del lobo. Hacedlo en el lugar en el que estéis más seguros”. Ese lugar es Gormach.
El paraíso de las emboscadas
El distrito de Gormach era parte del territorio “español” de Afganistán. Pero hace año y medio los mandos españoles lo dieron por imposible y entregaron su control al contingente noruego desplegado en la provincia más al norte, la de Faryab. Tardaban entre dos y tres días en llegar desde su base en Qala i Now, la capital de la provincia, hasta ese distrito del norte. Un tiempo demasiado largo en el que se exponían a ataques en una provincia que no cuenta con muchos caminos. Las rutas de los convoyes militares son ratoneras ideales para las emboscadas, además de itinerarios totalmente previsibles. Me lo contó una vez un traductor de los españoles que acompañó al continente hasta las postrimerías de Gormach. Cuando llegaron, en teoría por sorpresa, el diálogo con las autoridades afganas fue surrealista.
- Los esperábamos para ayer-, dijo el dirigente local.
- Pero, ¿cómo sabían...?-, balbuceó el oficial español alarmado, dirigiéndose al traductor.
- Bueno, capitán, ¿no vio a toda esa gente que tenían un teléfono en la mano cuando pasábamos por los pueblos? Pues le estaban llamando a él. Sabía que veníamos desde hace diez pueblos. Si no nos han emboscado es porque no han querido.
Pero las emboscadas no eran el único problema del camino de cabras que une Qala i Now con Gormach. También las averías que dejaban vehículos varados en medio de la nada. Los españoles, según pudimos saber, tuvieron que abandonar más de uno de sus todoterrenos en este y en otros caminos. Eso a pesar de que por Gormach debería pasar la Ring Road, la arteria circular que comunica todo Afganistán. La cooperación internacional ha conseguido rehabilitar esa ruta destrozada por el tiempo y la guerra en casi todo el país. De hecho en todas partes menos en Badghis. En la provincia no hay ni un solo metro de carretera asfaltada. Afganistán, unida por primera vez por el asfalto, se corta por Gormach.
El largo camino a Gormach
Para llegar a Gormach seguimos precisamente esa Ring Road por su vertiente norte. La sur sería una opción suicida: hay que pasar por los bastiones talibanes de Kandahar, Helmand y Farah. Atravesamos todo el norte en una ruta que nos lleva por las planicies de Somalí y las montañas de Salang.
El norte es el testimonio de todo el dinero que ha metido la comunidad internacional en Afganistán, al menos allí donde la violencia les ha dejado. Carreteras bien asfaltadas, camiones paquistaníes con su peculiar tunning pasthún inundando las vías con sus mercancías.
Nos cuesta dos días llegar hasta las puertas de Gormach, hasta la provincia de Faryab. Allí nos toca hacer las dos últimas llamadas, las de confirmación. Una al jefe de los talibanes en Gormach, el mulá Amorddin. Otra al jefe del consejo local, Abdullah Jan. Los dos nos dan su palabra y su garantía de que no nos pasará nada. Sólo queda dar el paso, tomar la decisión, lanzarse.
es un blog de ADN.es escrito por:
David Beriain
David Beriain (Artajona, 1977) ha recorrido durante los últimos seis años los principales conflictos del planeta como enviado especial. Afganistán, Colombia, Darfur, Cachemira y otros destinos siguieron a su primera experiencia durante la invasión estadounidense de Irak. Una aventura que le llevó a pasar 10 días en los campamentos de las FARC, a acompañar a guerrilleros sudaneses, a recorrer los bastiones talibanes, a entrevistar a presos de Guantánamo o visitar mercados de armas clandestinos.
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