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ADN.es / Política

Martes, 14 de febrero de 2012. Actualizado a las 09:39h | : el tiempo en

El ruido y las nueces

23 de Enero de 2009 | Josu Mezo

¿Espionaje parapolicial?

Venimos estos días recibiendo noticias de una trama de supuesto "espionaje parapolicial" que aparentemente ha sucedido en la Comunidad de Madrid, en la que alguien aún no identificado estuvo siguiendo a varios dirigentes políticos del ayuntamiento de Madrid y de la comunidad autónoma, y escribiendo informes, tampoco se sabe a quién dirigidos, sobre sus movimientos, reuniones, etc...

El asunto huele bastante mal. Pero en él se entremezclan dos o tres cuestiones que habría que distinguir para poner orden en la discusión.

1. La terminología. El uso de palabras como "espionaje" y  "parapolicial", que han aparecido en muchos medios para describir los seguimientos parece un tanto forzado. Ambas palabras están cargadas de connotaciones negativas y supongo que no han sido escogidas inocentemente, pero por lo que sabemos hasta ahora es dudoso que se puedan aplicar.

En cuanto al "espionaje", aunque literalmente sea correcto, según la RAE, sugiere obviamente actividades dedicadas a revelar lo que es oculto o privado. La palabra evoca actos que son ilegales sin la autorización de un juez, como pinchar teléfonos, leer el correo o interceptar el correo electrónico. Decimos que una empresa espía a otra si se las arregla para conocer documentos internos o si infiltra a alguien para que haga fotos de un prototipo.

Pero si una empresa contrata a un investigador privado para que vea a dónde va o con quién se reúne el presidente de una empresa rival estaríamos en una zona gris, de actividades para las que el término espionaje quizá no sea el más obvio. Y sobre todo, no merecería el mismo reproche legal, mientras se haya realizado por una empresa particular. De hecho, por ejemplo, las imágenes grabas en la calle de una persona por alguien que le vigilaba podrían ser perfectamente utilizadas como prueba en un juicio, porque no hay nada ilegal, en principio, en seguir a alguien.

Por lo que hemos visto y oído hasta ahora, todo lo que ha sucedido en este caso está más bien en esa zona gris. Son seguimientos y fotos obtenidas en lugares públicos, por lo que los que los hayan realizado no habrían en principio, por esa misma actividad, realizado nada ilegal.

Respecto a lo de "parapolicial", de nuevo parece una palabra escogida intencionadamente para evocar algo siniestro y peligroso, tal vez violento (el primer resultado en Google es la Triple A argentina), que nada tiene que ver con los hechos conocidos hasta ahora.

2. Posibles delitos. Pero lo que un ciudadano privado puede hacer con su dinero (contratar a un investigador privado, por ejemplo, para que siga a su socio en la empresa, del que desconfía, o a su cónyuge, que cree que le engaña), no lo puede hacer un empleado público con nuestro dinero. Si se demostrara que, como dicen las noticias, aunque aún no se ha probado, las personas que hacían esos seguimientos trabajaban para el gobierno de la comunidad autónoma de Madrid, como asalariados, y recibían órdenes de un cargo público, estaríamos ante un grave caso de prevaricación, y/o malversación de caudales públicos, incluso aunque las actividades de "espionaje" fueran como las que hemos mencionado en el punto 1.

3. Pero como he dicho, aún está lejos de probarse que esas investigaciones las hayan hecho asalariados públicos en su tiempo de trabajo. Una hipótesis alternativa, no descabellada, ya que al parecer las investigaciones se relacionan con tensiones internas del Partido Popular, sería que quien las encargó y las pagó fuera alguien del partido, con dinero del mismo. ¿Estaríamos entonces en un problema entre ciudadanos privados? ¿Nada que objetar?

Pues no, porque los partidos políticos no son asociaciones privadas sino prácticamente públicas, ya que reciben un altísimo porcentaje de su financiación de nuestros impuestos. Este es un debate apenas perceptible en España, donde de vez en cuando se discute sobre los ingresos de los partidos (financiación pública-privada, donaciones, peligros de corrupción), pero raramente sobre los gastos: ¿debemos permitir que se gasten nuestro dinero en cualquier cosa, por ejemplo en "espiarse" unos a otros? Yo creo, obviamente, que no, y que hacemos muy mal negocio cuando damos a los partidos cantidades muy considerables de dinero cada año sin exigirles casi nada a cambio.

4. Finalmente está la cuestión planteada inicialmente por Aguirre y sus consejeros, de que todo eso era un montaje de algunos medios de comunicación que quieren desviar la atención de las verdaderas noticias del momento (la crisis económica) y que además le tienen especial ojeriza al Partido Popular y a Esperanza Aguirre en particular. Es exactamente el mismo argumento que durante tantos años usó el PSOE contra los medios en los que se publicaban los escándalos de corrupción o las revelaciones sobre el GAL. Y aunque en ambos casos podamos sospechar, obviamente, de las motivaciones del mensajero, y de si su pasión por la verdad no está ribeteada con otras pasiones menos nobles, es obvio que como ciudadanos nos deben preocupar mucho más averiguar si las acusaciones son falsas o ciertas que las razones por las que se divulgan.

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