20 de Septiembre de 2008 | ADN.es
Llevamos unos días de sobresaltos continuos con las noticias económicas. Tiene uno a veces temor de comprar el periódico o escuchar la radio, no vaya a ser que las cosas sean aún peores que ayer. Como en un tebeo de Astérix, parece que el cielo se está desplomando sobre nuestras cabezas.
En realidad, aún es muy pronto para saber si se está desplomando sobre nuestras cabezas el cielo, la escayola del baño, o todos los planetas del universo, porque evidentemente a esta crisis financiera aún le queda mucho camino por recorrer, y sólo después de que la demos por terminada (en ¿2009?, ¿2011?, ¿2015?) podremos hacer balance.
No obstante, como es lógico, ante una situación tan vertiginosa, los medios de comunicación están llenos de gente tratando de interpretar qué significa todo esto. Lo hacen porque hay una demanda de la opinión pública que intenta comprenderlo, y también, por qué no decirlo, porque hay gente a la que les (nos) pagan por hablar de las cosas que pasan, e independientemente de que tengan(tengamos) una opinión verdaderamente valiosa y/o reflexionada, ésta se publica.
En algunos de estos artículos estamos viendo diferentes variantes del "si ya lo decía yo, que esto no podía ser bueno" referido con más o menos precisión a uno o más de los sospechosos habituales, como, entre otros, la desregulación de los mercados financieros norteamericanos, la globalización, la codicia desmedida de los empresarios y accionistas, el neoliberalismo, o el capitalismo en general.
No digo yo que al final de estas turbulencias, cuando quiera que lleguen, no debamos muchos de nosotros reevaluar nuestra opinión sobre los aspectos positivos y negativos que cada uno de esos fenómenos tienen. Pero en cualquier caso, cuando lo hagamos, habrá que intentar tener en cuenta justamente eso, los aspectos positivos y negativos, para hacer un balance.
Supongamos, hipotéticamente, dos gobiernos con igual renta per cápita (100), y similar nivel de desigualdad que se embarcan en dos políticas muy diferentes. El país A crece al 5% durante 10 años, pero luego padece una grave crisis, de 3 años, con pérdidas del PIB del 2% anual. El país B hace otra política menos agresiva de crecimiento económico, y crece los 12 años al 2%, sin crisis al final. La renta per cápita al final de los 13 años es 153 en el país A y 129 en el país B. Suponiendo por un momento, y por simplificar, que no hay cambios en la distribución de la renta. ¿En qué país le gustaría estar a usted? ¿Al juzgar la política de esos países, habría que hacerlo por los tres últimos años, o por el total del periodo?
De manera similar, cuando hagamos el balance de esta crisis, y busquemos sus causas, habrá que recordar que algunas de ellas pueden estar en el origen de otros aspectos de la economía de los que sí estamos satisfechos. Con guerra de Irak, petróleo caro, crisis de las punto.coms y tantas otras cosas, los diez últimos años no han sido malos para la economía mundial. Más bien lo contrario. Tal vez a ello hayan contribuido también algunos de los fenómenos que ahora estamos a punto de condenar como "culpables".
es un blog de ADN.es escrito por:
Josu Mezo
Josu Mezo (Bilbao, 1965) tiene formación en Derecho y Ciencias Sociales, y actualmente es profesor en la Universidad de Castilla-La Mancha. Es también el creador del blog Malaprensa, dedicado a comentar los errores y chapuzas de la prensa española en relación a mala interpretación de datos, estadísticos, científicos o de otro tipo.
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