18 de Diciembre de 2007 | Josu Mezo
El repunte de la inflación de los últimos meses me ha devuelto a mi juventud. Cuando estudiaba la carrera, recuerdo que todo un señor profesor de Derecho Civil, que era también, al mismo tiempo, un conocido abogado en ejercicio, al parecer de mucho éxito, se mofaba del IPC porque, según él, se incluían en el índice articulos peregrinos, como los abrigos de visón, en el que, como todo el mundo sabía, la familia media no gastaba un duro. Ignoro si en algún momento los abrigos de visón han estado o no incluidos entre los productos medidos por el IPC (lo dudo mucho, la verdad), pero la anécdota ha perdurado, por alguna razón, en mi cabeza.
Y vuelvo a pensar en ella cada vez que oigo a algún tertuliano quejarse en público de que el IPC tiene que estar mal hecho, porque la inflación "real", o la inflación "de verdad", la que la gente realmente sufre, es la que ellos (o ellas) han observado cuando van al super a hacer la compra, y ellos han visto que en el último mes (o año) la compra ha subido una barbaridad, y que no es posible que la inflación sea realmente del 4,1%... Imagino a miles de personas asintiendo con la cabeza, al oír este tipo de comentarios, y pensando que es cierto, que el IPC es un timo, y que la vida sube mucho más de lo que nos dicen. Como pasó, recordarán ustedes, al implantarse el euro, cuando hubo una sensación generalizada de que todo había subido una barbaridad, y el IPC no lo reflejaba.
Lo cierto es que el IPC puede ser mejorable, como el propio INE reconoce, pero es un índice elaborado siguiendo métodos homologados internacionalmente, en el que participan decenas, si no cientos, de personas, lo cual hace de por sí bastante difícil una manipulación voluntaria y grosera de sus resultados. La página web del INE explica de manera razonablemente comprensible para los legos cómo se elabora. Lo crucial es que cada mes se toman más de 220.000 precios, de 491 artículos; y que el peso de cada artículo en el IPC se extrae, a su vez, de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), un estudio muy cuidadoso en el que miles de familias, durante un periodo considerable de tiempo, apuntan todos sus gastos, de manera que puede calcularse, con bastante rigor, cuánto pesa en el presupuesto medio cada uno de los productos. La EPF es la que permite estimar que las familias gastan en alimentos y bebidas no alcohólicas un 22% de su presupuesto, un 15% en transporte, casi un 12% en cafés, restaurantes y hoteles, un 10% en vivienda (no se incluye la compra de la misma, porque no es un bien de consumo, sino de inversión) o un 9% en ropa y calzado (y a su vez cada uno de esos componentes se separa en otros grupos, y subgrupos, hasta llegar a los 491 artículos que se miden, cada uno con su peso en el índice basado en la EPF).
Pero entonces, ¿por qué tenemos tan a menudo la sensación de que sus datos no nos cuadran con nuestra "observación directa" de la realidad? Un problema importante es que la compra de la vivienda, que efectivamente pesa mucho en nuestros presupuestos, no se incluye en el IPC, como ya he señalado, entre otras razones, por considerarse un gasto de inversión, y no de consumo. En ningún país se incluye en el equivalente a nuestro IPC, y hay discusiones internacionales sobre si debería hacerse, y cómo (no es ni mucho menos obvio: hay muchas familias con la casa pagada; hay familias que pagan una hipoteca a interés variable; otras, más en otros países que aquí, con hipoteca a interés fijo; hay muchas, con casa o sin ella, en expectativa de compra...).
Pero incluso pensando sólo en bienes de consumo, muchas veces nos parece que el IPC "está mal". Probablemente, lo que sucede es que en nuestras cabezas hacemos una media con muy pocos datos, en la que damos un peso desproporcionado a las cosas cotidianas (la leche y el pan en el super, el café en el bar, la gasolina), y mucho menos a las cosas que pagamos ocasionalmente (la factura del teléfono, la ropa, los electrodomésticos, los muebles, los equipos informáticos), pero de mayor volumen económico, y que pesan en la media real de nuestro gasto anual bastante más de lo que pesan en nuestra media mental. Casi todos nosotros gastamos mucho más, seguramente, en teléfono que en cafés, pero una factura mensual, que pasa por el banco, no pesa en nuestra cabeza lo mismo que un pequeño gasto cotidiano. Me temo entonces que la cosa tiene difícil arreglo, y que la desconfianza popular en la medida de los precios persistirá indefinidamente.
es un blog de ADN.es escrito por:
Josu Mezo
Josu Mezo (Bilbao, 1965) tiene formación en Derecho y Ciencias Sociales, y actualmente es profesor en la Universidad de Castilla-La Mancha. Es también el creador del blog Malaprensa, dedicado a comentar los errores y chapuzas de la prensa española en relación a mala interpretación de datos, estadísticos, científicos o de otro tipo.
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