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Martes, 14 de febrero de 2012. Actualizado a las 06:28h | : el tiempo en

El astrolabio

Un dedo que apunta a las estrellas

19 de Enero de 2009 | Paco Bellido

Bajo el signo del cazador

Orión es posiblemente la constelación más hermosa del cielo. En las noches invernales destaca cerca de la estrella Sirio, la más brillante del hemisferio norte. Es la constelación más brillante de invierno y su cinturón de tres estrellas domina majestuosamente hacia el suroeste.

Dentro de Orión encontramos dos estrellas gigantescas, Rigel y Betelgeuse, su diferencia de color indica que se encuentran en distintas etapas de su vida.

Rigel, la pierna izquierda del gigante, es una supergigante blancoazulada, es una de las estrellas con mayor luminosidad intrínseca de nuestra galaxia, y también una de las más calientes. Se calcula que su luminosidad es 36.000 veces la de nuestro Sol.

La energía de las estrellas se produce al transformar el hidrógeno de sus núcleos en helio. Cuando una estrella acumula suficiente helio en su núcleo, su producción de energía aumenta significativamente y se transforma en una gigante o supergigante roja como Betelgeuse. Es el destino que también le espera a Rigel dentro de unos cuantos millones de años. En el interior de estas estrellas se generan elementos pesados, pero una vez que la estrella empieza a generar hierro sus días están contados. La formación de elementos más pesados que el hierro consume energía en lugar de producirla. Al final el núcleo ya no puede soportar el peso de la estrella y se colapsa, dando lugar a una violenta explosión en forma de supernova.

Por su parte, Betelgeuse, el hombro del gigante, se encuentra al final de su vida, no brilla de manera uniforme, es una estrella pulsante que se expande y se contrae de forma irregular, como si respirara, con un diámetro que varía entre 550 y 920 veces el del Sol. Su final se producirá dentro de pocos millones de años en una colosal explosión.

Dentro del gran cuadrilátero formado por las estrellas Betelgeuse, Rigel, Bellatrix y Saiph se encuentran algunas de las regiones más hermosas del cielo septentrional: la nebulosa M42, la de la llama (NGC 2024) y la famosa Cabeza de Caballo (IC 434). A pesar de que la época invernal es la más incómoda para observar por las inclemencias del tiempo, la recompensa está asegurada. Además de la extraordinaria limpieza del cielo invernal, la belleza de los objetos visibles garantiza el disfrute.

/Foto: Paco Bellido. Interior del cuadrilátero de Orión.

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