Columna de Daniel R. Caruncho
19 de Marzo de 2010 | Daniel R. Caruncho
Tanto da si se trata de la inauguración de una biblioteca municipal, la celebración de una botifarrada de barrio o la reurbanización de una placita. El alcalde Hereu suele iniciar sus discursos con la frase "avui és un diamolt important pera Barcelona", señal inequívoca de que la ciudad le apasiona, ya que cualquier movimiento en la trama urbana le entusiasma sobre manera. Pero ayer no empezó así su intervención. Y eso que, esta vez sí, se trataba de un día muy importante para Barcelona.
La reforma de la Diagonal dejará huella en la historia de la ciudad. Se trata de una obra XXXL, ambiciosa, y que algún día alguien tenía que emprender. Ahora, entre Francesc Macià y Glòries, la avenida es un no-lugar, un espacio a evitar: las aceras laterales son más propias de una callejuela de Gràcia que de la principal arteria de la capital catalana, mientras que el tráfico es infame y la (improvisada) llegada del carril bici ha convertido en deporte de riesgo caminar por los dos raquíticos paseos para peatones.
El problema es que este proyecto faraónico nació con un pecado original: el electoralismo. Un Hereu con las encuestas en contra se sacó de la chistera esta idea de un modo poco ortodoxo( en una entrevista a un periódico, y no en rueda de prensa), y dejando a la oposición al margen. Ahora, según cómo acabe esta apresurada consulta (la opción C, ay, ¡qué peligro!), la Diagonal se le puede atravesar.
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Daniel R. Caruncho
Antes de participar en la puesta en marcha de ADN, donde escribe sobre lo que ve en la televisión y dirige la sección local de Barcelona, trabajó en El Periódico de Catalunya. Aparte, colecciona discos viejos y dioptrías.
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