Columna de Daniel R. Caruncho
05 de Marzo de 2010 | Daniel R. Caruncho
Comer no es televisivo. Sí, los programas de gastronomía triunfan (Karlos Arguiñano, he ahí un ejemplo, aunque el suyo está más cerca de El club del chiste que de los del Canal Cocina); pero los de degustación ni tan siquiera existen, porque a (casi) nadie le interesaría ver cómo un tipo engulle un caldo gallego con cachucha y un pulpo á feira.
Hay excepciones.
Por ejemplo, siempre es distraído ver en Cuatro qué guarrada se echa al coleto El último farsante (¡ups!, superviviente). Y luego, claro, están los piscolabis de Sálvame diario. El programa estrella de la sobremesa de Telecinco ha convertido la hora de la merienda en un gran acontecimiento, un espectáculo catódico apasionante que demuestra el dominio del medio de Jorge Javier Vázquez (el gran ninguneado en los últimos premios TP, por cierto).
Un día, el plátano que se acababa de zampar Belén Esteban acaparó minutos (y el minuto en tele, recuerden, es oro) de tertulia sesuda, mientras que otro, el jamón que estaba a punto de engullir Karmele fue el eje de un descacharrante plano secuencia propio del mejor Brian De Palma con persecución por el plató incluida
La merienda como circo: Sálvame se consolida así como el programa de (meta) tele definitivo que se autoabastece generando contenidos y personajes que a su vez constituyen la espina dorsal de una cadena que ahora cumple 20 años convertida en algo raro: un reality sin fin.
es un blog de ADN.es escrito por:
Daniel R. Caruncho
Antes de participar en la puesta en marcha de ADN, donde escribe sobre lo que ve en la televisión y dirige la sección local de Barcelona, trabajó en El Periódico de Catalunya. Aparte, colecciona discos viejos y dioptrías.
Últimas entradas:
Archivo
Introduce el texto de la imagen.