Columna de Daniel R. Caruncho
19 de Octubre de 2009 | Daniel R. Caruncho
Las imágenes aparecieron ayer en la portada de todos los informativos: un helicóptero que está ardiendo surca el cielo de Río de Janeiro. Ha recibido los disparos de las bandas de narcotraficantes que se disputan la zona norte de la ciudad brasileña, en un conflicto que, según las agencias de noticias, deja 12 muertos y ocho autobuses calcinados. Dos agentes del Batallón de Operaciones Especiales de la policía apostados en las escaleras de las favelas miran hacia arriba (como el objetivo de la cámara) para seguir la trayectoria del aparato en llamas, que desaparece tras los tejados de las casas.
La visión del helicóptero -que en imágenes posteriores aparece ya en el suelo, mientras evacuan al piloto herido- es fugaz, como la de un platillo volante captado por un amateur. Y la realización de esa escena (cámara al hombro, zoom repentino) recuerda a la de blockbusters como Monstruoso, REC y Distrito 9, películas que insisten en el estilo documental para adecuarse a la Era YouTube. Esta (no tan) nueva narrativa cinematográfica ha calcado el nervio del reporterismo de trinchera de forma tan efectiva que imágenes como las de Río remiten inmediatamente a la gran pantalla ("¿esto es el tráiler de una peli nueva?") Y tras (infames) episodios de reporterismo en directo como el del niño del globo -el culebrón freak de este fin de semana- las dudas no hacen más que cobrar fuerza.
Está claro: la realidad cotiza a la baja.
es un blog de ADN.es escrito por:
Daniel R. Caruncho
Antes de participar en la puesta en marcha de ADN, donde escribe sobre lo que ve en la televisión y dirige la sección local de Barcelona, trabajó en El Periódico de Catalunya. Aparte, colecciona discos viejos y dioptrías.
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