Columna de Daniel R. Caruncho
08 de Septiembre de 2009 | Daniel R. Caruncho
Zzzzzzzzzzz. Daba pereza reencontrarse con Gran Hermano, que el domingo estrenó su, ojo, 11 edición. Las últimas temporadas apenas habían aportado personajes o diálogos memorables, y parecía que la única función del formato era proporcionar chicha al resto de programas de Telecinco, cadena experta en el reciclaje.
Pero este año las cosas han cambiado. Gran Hermanose presenta ahora como un (hábil) producto metatelevisivo, elaborado a partir de guiños autorreferenciales:
a) Mercedes Milá ya ha derivado en una parodia de Mercerdes Milá: desvaría, se enfada, se ríe sola. Se interpreta a sí misma poniendo el acento en sus rasgos freaks.
b)Los concursantes construyen sus personajes a partir de sus predecesores. Arturo, es ex militar, como Jorge Berrocal. Y ahí está Pilarita, la madre gallega con crepado a lo Dolly Parton que parece salida de un sueño húmedo de John Waters y que reproduce los diálogos en tercera persona de Aída Nízar. O Rebeca, esa chica que no se separa de su muñeca Rosita ("Mi mejor amiga", explicaba en un vídeo de presentación propio de Muchachada Nui) y que retoma el caracter cursi de Fresita con un giro psycho.
c) En esta edición los participantes también se dividen en dos casas. Y uno de los grupos puede espiar a sus vecinos a través de los espejos que ocultan las cámaras. Es el homenaje definitivo al formato: el concursante como telespectador.
es un blog de ADN.es escrito por:
Daniel R. Caruncho
Antes de participar en la puesta en marcha de ADN, donde escribe sobre lo que ve en la televisión y dirige la sección local de Barcelona, trabajó en El Periódico de Catalunya. Aparte, colecciona discos viejos y dioptrías.
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