Columna de Daniel R. Caruncho
13 de Julio de 2009 | Daniel R. Caruncho
Domingo por la mañana. Legañas y Cola Cao grumoso. Ticlín-clin-ticlín. La cucharilla resuena en la taza (y en la cabezota). Eco-ecoeco-o-o-o,¿hay neuronas ahí dentro? No, así que a ver qué se cuenta la tele. Cuatro. Un partido de básquet. Un poco raro: esos jugadores... saltan mucho. Demasiado. Como los chinos de Tigre y dragón. Fuera legañas (¿seguro que era Cola Cao?). No, en serio, esos jugadores botan como Super Mario Bros con subidón de setas, como Michael Jordan en Space Jam. ¿Son pájaros? ¿Aviones? ¿Supermanes? Algo de eso último sí. Son los tipos de Slamball, el recambio matinal de Pressing Catch.
Esta competición se la sacó de la manga a principios de milenio un tal Mason Gordon, que quería añadirle espectacularidad al básquet. Instaló camas elásticas alrededor de las canastas, y flexibilizó las normas del juego para permitir empujones como los del hockey o el fútbol americano. El resultado, claro, es muy yanqui (ergo, televisivo): muchos tortazos, y, sobre todo, mates imposibles. Súmenle al cóctel un puñado de equipos con nombres de tribus callejeras futuristas (Bouncers, Maulers, Slashers ... ) y, de esta forma, Slamball -como Pressing Catch- trasciende la esfera deportiva para, ¡boing!, saltar a una dimensión más cercana a los dibujos animados y los videojuegos. La víctima colateral: los pobres Harlem Globetrotters, que al lado de este show parecen una panda de jubilados.
es un blog de ADN.es escrito por:
Daniel R. Caruncho
Antes de participar en la puesta en marcha de ADN, donde escribe sobre lo que ve en la televisión y dirige la sección local de Barcelona, trabajó en El Periódico de Catalunya. Aparte, colecciona discos viejos y dioptrías.
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