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28 de Marzo de 2008 | Juan Freire

Nuevas realidades territoriales y datos públicos (y 2)

En el anterior post identificábamos la necesidad de instituciones públicas que proporcionen información territorial para las tomas de decisiones de empresas y ciudadanos. Sólo de este modo sería viable en el corto plazo que se pueda combinar la sostenibilidad de las ciudades compactas con los nuevos modelos de organización territorial basados en metropolis policéntricas.

En Planetizen presentan un caso que va en esta línea. En An Algorithmic Antidote To Sprawl explican la experiencia de la cámara de comercio del área metropolitana de Dallas, Greater Dallas Chamber of Commerce, que ha puesto en marcha un servicio de información geográfica pensado para la toma de decisiones empresariales. Así, integran información de censos diversos (por ejemplo la localización espacial de 110 tipos de profesionales) con información cartográfica de todo tipo (imágenes aéreas, infraestructuras, ...). Mediante una serie de algoritmos el sistema permite estimar tiempos de desplazamiento que, con los problemas de congestión de tráfico que afectan a Dallas, son un elemento fundamental a la hora de tomar decisiones empresariales. Como proponen en Planetizen, los usos de este tipo de herramientas no se restringen ni mucho menos a las decisiones empresariales. Sus usos por parte de la administración pública son evidentes (por ejemplo: usos del suelo, diseño de infraestructuras...), pero también lo serían para los ciudadanos en su vida profesional y personal.

El caso de la cámara de comercio de Dallas no representa una gran innovación tecnológica. Los sistemas de información geográfica (SIG) se han convertido ya en herramientas esenciales para todos aquellos que toman decisiones "en el espacio", y al tiempo su uso ya no son coto de especialistas gracias a servicios como Google Earth. Pero sí representa un cambio estratégico importante al entender su nuevo papel como "institución territorial" de modo que está proporcionando herramientas para que el área metropolitana de Dallas pueda empezar a actuar con una estrategia colaborativa y coordinada y no en base a enfrentamientos locales. De este modo tanto empresas como ciudadanos pueden ser, por razones puramente económicas, mucho más eficientes en su uso de los recursos. El resultado final, que surgiría de un modo aparentemente espontáneo, sería posiblemente una mayor sostenibilidad ambiental.

Pero el caso de Dallas ilustra la necesidad de que los "datos públicos" (en el sentido de que hayan sido generados con financiación pública) sean realmente públicos (accesibles a los ciudadanos). Lo único que ha hecho la Cámara de Comercio es un poco de bricolaje para integrar bases de datos diversas proponiendo utilidades a sus usuarios y hacer efectiva la idea de que, aunque sea contraintuitivo, los datos son más importantes que el conocimiento.

España está aún muy lejos de afrontar estas cuestiones. Como explica Luis Rull en Evaluación de políticas públicas y datos abiertos: una combinación explosiva, existe un modelo alternativo a los actuales (bastante ineficientes todos ellos) de control de los ciudadanos sobre las políticas públicas: ‘abrir los datos y dejar que los ciudadanos podamos ver cómo funciona "la administración de las cosas comunes"'. Pero sorprendentemente "ningún estatuto autonómico de los creados en los últimos años se recoge como derecho ciudadano (como obligación de la administración, garantizada efectivamente en leyes de alto rango) la apertura de los documento públicos".

Trasladando esta situación a la cuestión urbana, por ejemplo la ausencia de acceso a datos públicos impide evaluar hasta que punto el caso del "urbanismo salvaje" en España es una realidad o mero uso medático de información privilegiada susceptible de ser distorsionada sin que el ciudadano pueda valorarlo.

Alfredo Romeo, propone la aplicación de la iniciativa nacida en noviembre de 2007 en California, donde un grupo de 30 líderes sociales definieron ocho principios que tienen que cumplir los datos públicos que mantienen las administraciones públicas. Estos serían los Principios para datos públicos gubernamentales:

· Datos completos

· Datos primarios

· Datos en tiempo

· Datos accesibles

· Datos para ser interpretados por máquinas

· Datos que no discriminen

· Datos en formatos libres

· Datos sin ningún tipo de licencia alrededor de los mismos

Estos principios nunca formarán parte de un titular en los medios ni son lo suficientemente sexys como para entrar en un programa electoral, pero son claves para el futuro. Los datos abiertos pueden ser aburridos pero son importantes, como proponía John Wilbanks, director de Science Commons, en su blog en Nature Network (Open Access Data: Boring, but Important).

Wilbanks se refería específicamente a los datos científicos, pero su análisis se puede trasladar al ámbito de lo urbano y de la gestión y toma de deciones. Como indica Alfredo Romeo: "Si las ciudades entienden esto, podrán capitalizar la información para incrementar las posibilidades de generación de riqueza en función del análisis de todos estos datos. Es simplemente una cuestión de visión de la importancia de este tipo de políticas a llevar a cabo por nuestros dirigentes públicos". Y si en las ciudades estas cuestiones tienen radical importancia, ésta es aún mayor para las nuevas realidades territoriales, por mucho que estas nuevas metrópolis policéntricas carezcan aún de nombre.

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